Textos de Formación Política Nº 3. La Ley de correspondencia de las relaciones de producción con el carácter de las fuerzas productivas.

Si la producción cesase, la sociedad consumiría
tarde o temprano los recursos acumulados y perecería. La historia pone de
relieve que la producción en constante renovación se perfecciona, cambian tanto
las fuerzas productivas como las relaciones de producción.

En los albores de la historia humana, el
garrote, el hacha de piedra, la lanza y, más tarde, el arco y las flechas, eran
los instrumentos de producción esenciales. Un ingente trabajo costaba a los
hombres satisfacer el mínimo necesario de necesidades, y gracias a que
trabajaban en común. Es natural que en tales condiciones los medios de
producción y los productos del trabajo perteneciesen a la colectividad, más no
a individuos. La propiedad social estaba condicionada por un bajo nivel de
desarrollo de las fuerzas productivas. La explotación no era posible puesto que
cada trabajador no podía producir más productos de los necesarios para
sustentarse.

Los instrumentos de producción se van
perfeccionando. Aparecen herramientas metálicas. Se inicia la división del
trabajo en la sociedad: a la par de la agricultura surge la ganadería y
seguidamente la artesanía. La división del trabajo trae consigo,
irremediablemente el intercambio de productos. El labrador necesita productos
del ganadero y éste, productos del labrador. Las relaciones de producción en la
sociedad primitiva, que cerraba a los hombres en el marco de la comunidad, la
«gens», no correspondían al carácter de las fuerzas productivas, puesto que
eran incompatibles con la división del trabajo y el cambio.

El progreso de la producción condiciona la
muerte inevitable de semejantes relaciones. El empleo de medios de trabajo más
perfectos aumentó bruscamente la producción. Se hace posible la producción, no
mediante el trabajo común, sino con el trabajo de toda una familia. Paralelamente,
la propiedad sobre los medios de producción empieza a pasar, poco a poco, a
determinadas familias. Empieza a nacer la propiedad privada y con ella la
desigualdad patrimonial. Esta desigualdad crece debido a que los patriarcas y
jefes se valen de su posición para enriquecerse. Gracias a los nuevos medios de
trabajo el trabajador comienza a rendir más productos de los que necesitaba
para su sustento. Nace la explotación del hombre por el hombre, los ricos
sojuzgan a los pobres, a los prisioneros se les convierte en esclavos. El
régimen esclavista suplanta al de la comunidad primitiva.

En la sociedad esclavista los medios de
producción son patrimonio de los esclavistas. Al mismo tiempo, éstos son dueños
de los propios trabajadores, de los esclavos. En América Latina el sistema
esclavista consistía, en lo fundamental, en traer negros del África. Por otra
parte, una forma encubierta de esclavitud era la que utilizaban los conquistadores
españoles y portugueses para con los indios supervivientes, y se llamaba
«repartimiento». Los conquistadores asumían el derecho de disponer de los
bienes y de la vida de los indios, exigir de ellos cualquier trabajo,
imponerles toda índole de obligaciones.

Las relaciones de producción en la sociedad
esclavista, en un primer momento, están en consonancia con las fuerzas
productivas. Como el nivel de éstas era muy bajo, el progreso material y
cultural sólo podía ser efectuado mediante la explotación brutal de las
inmensas masas de esclavos. Era esto precisamente lo que impulsaba la
producción y ahondaba la división social del trabajo. Se opera la división
entre el trabajo físico y el trabajo intelectual.

Las fuerzas productivas se perfeccionan cada vez
más: se desarrolla la agricultura, los hombres logran éxitos en la fundición de
metales y en la fabricación de instrumentos de metal, crece la maestría de los
arte-sanos. Las relaciones de producción van poco a poco convirtiéndose en
trabas para las fuerzas productivas. Los esclavos no tenían el menor interés
por el trabajo; trabajan bajo el látigo del capataz, por eso el rendimiento es
escaso. La esclavitud se va auto-eliminando; la desplazan las relaciones
feudales.

En la sociedad feudal los principales medios de
producción pertenecen a los terratenientes. Los trabajadores (campesinos)
poseen instrumentos de producción y ganado. El terrateniente les entrega una
par-cela de tierra, pero exigiéndoles a cambio parte de la cosecha y que
trabajen las tierras de él.

En América Latina la forma de explotación
feudal, llamada sistema de encomiendas, surge a mediados del siglo XVI. Los
indios eran decla-rados libres; sus comunidades obtenían una parte de tierras,
llamadas bienes de comunidad. Los aristócratas españoles y portugueses que se
desplazaban a América Latina se proclamaban encomenderos de los indios (en
Brasil dicho sistema llevaba el nombre de capitanía). Cada aristócrata disponía
de una determinada cantidad de indios-campe-sinos, inscritos a las encomiendas,
que trabajaban en minas y planta-ciones. También debían cumplir todo género de
trabajos obligatorios en los que participaban aldeas enteras. En una palabra:
los campesinos de la comunidad, formalmente eran libres pero de hecho eran
dependientes. Al mismo tiempo, los indios empiezan a ser despojados de sus
tierras. Los indios debían trabajar para el terrateniente y, al contraer
deudas, junto con sus familias se convertían en peones, en esclavos por deudas.
En la segunda mitad del siglo XVIII, tras haber sido suplantado el sistema de
encomiendas, los indios, por el disfrute de la tierra, debían pagar con su
trabajo al terrateniente.

Al principio, las nuevas relaciones de
producción estaban en consonancia con el nivel de las fuerzas productivas. El
campesino de la gleba estaba interesado en los resultados del trabajo: parte de
la cosecha era para él. Por eso se esmera más y utiliza con más eficiencia los
instrumentos de trabajo.

Pero con el tiempo, en las entrañas del
feudalismo crecen nuevas fuerzas productivas. Se desarrollan las ciudades y, en
ellas, la artesanía. Se profundiza la división del trabajo, se incrementa el
cambio, se van estructurando paulatinamente los mercados nacionales. Las
relaciones mercantiles y dinerarias van carcomiendo la médula del régimen feudal.
El desarrollo marcha. Aparece la manufactura, que va desplazando al artesano.
Aparecen las primeras máquinas. Se agrandan las empresas y las fábricas.

La nueva técnica engendra la necesidad de
hombres libres y relativamente instruidos. El régimen feudal pasa a ser una
traba para el pro-greso social. Cede el puesto al régimen capitalista.

Bajo el capitalismo los medios de producción
están en manos de la burguesía. El trabajador
carece de estos medios, por eso se ve obligado a vender su fuerza de trabajo al
capitalista.

Las relaciones de producción del régimen capitalista
crean amplias posibilidades para el desarrollo de las fuerzas productivas. La
técnica alcanza tal nivel de desarrollo que supera en mucho todo lo creado
anteriormente por la humanidad. Mas al desarrollar con tanto ímpetu las fuerzas
productivas, el capitalismo engendra las premisas mate-riales que acabarán
con él. Las nuevas fuerzas productivas no caben en el marco de las relaciones
capitalistas. El capitalismo no es capaz de utilizar para el bien de la
humanidad las riquísimas posibilidades que ofrece la técnica. Además engendra
agudas contradicciones que se expresan en crisis, desempleo, guerras. La
transición al socialismo es inevitable.

La historia de las fuerzas productivas y de
las relaciones de producción prueba que entre ellas hay unidad interna: un
determinado nivel de desarrollo de las tuerzas productivas demanda unas
determinadas relaciones de producción. Sólo tomadas en conjunto, evidencian
cómo y de qué manera las gentes producen bienes materiales en tal o cual etapa
de la historia de la sociedad. En otras palabras: las fuerzas productivas y las
relaciones de producción, en conjunto, forman el modo de producción de
los bienes materiales.

Las fuerzas productivas constituyen el elemento
más dinámico y mutable de la producción. Y no puede ser de otra manera, pues al
producir bienes materiales, los hombres acumulan experiencias, lo que a su vez
les permite mejorar e inventar los instrumentos de producción. Por eso las
fuerzas productivas se hallan constantemente en movimiento. Otra cosa distinta
sucede con las relaciones de producción. Las formas de propiedad no cambian
todos los días, son relativamente estáticas. La propiedad social sobre los
medios de producción bajo la comunidad primitiva existió centenares de miles de
años; la esclavista, varios milenios, la feudal, más de un milenio, la
capitalista, varios siglos. Como es lógico, estos plazos se refieren al planeta
en general.

¿Qué sucede con los modos de producción que se
desarrollan desigualmente? Las relaciones de producción van a la zaga de las
fuerzas productivas y entran en contradicción con ellas, lo que con el tiempo,
se transforma en conflicto. Las relaciones de producción pasan a ser una traba
para las fuerzas productivas. El conflicto se resuelve suplantando las viejas
relaciones de producción por otras nuevas, que respondan al grado de desarrollo
de las fuerzas productivas. Las nuevas crean amplias posibilidades para
impulsar las fuerzas productivas y en un primer momento actúan como propulsoras
de aquéllas. Seguidamente las fuerzas productivas rebasan las relaciones de
producción. De nuevo no hay correspondencia entre las dos facetas del modo de
producción. La historia vuelva a dar un nuevo salto en su desarrollo.

Como vemos, entre dichas facetas existen fuertes
nexos. Las relaciones de producción dependen de las fuerzas productivas y deben
estar en consonancia con ellas: así lo exige el desarrollo de la producción. La
no correspondencia engendra contradicciones dentro del modo de producción y
determina cambios inevitables de las relaciones de producción a fin de
ponerlas a tono con las nuevas fuerzas productivas. En esto radica la ley de
la correspondencia de las relaciones de producción con el carácter de las
fuerzas productivas,
palanca principal del progreso histórico.

En el proscenio de la
historia, en un impetuoso torbellino de acontecimientos, se enfrentan y
hierven las pasiones de políticos, diplomáticos y capitanes. El observador poco
ducho podría pensar que dichos personajes hacen la historia a su arbitrio. No
se percata de que existen pro-fundos procesos históricos, condicionados por
leyes del desarrollo del modo de producción, por la interrelación entre las
fuerzas productivas y las relaciones de producción. Hay que decir que estos
procesos son precisamente los que constituyen la base de la historia humana.

13 de diciembre: 49 años de la muerte de Argimiro Gabaldón

Prensa PSUV.- (Tomado de www.psuv.org.ve) El 13 de diciembre de 1964, muere accidentalmente de un disparo de fusil, Argimiro Gabaldón, conocido como “comandante Carache”, líder revolucionario y jefe del frente guerrillero Simón Bolívar en las montañas de Lara y Portuguesa.

Argimiro Gabaldón tenía apenas 45 años cuando lo alcanzó la bala que le segó la vida. Más que la muerte, le dolió morir de bala amiga, morir a destiempo, morir cuando apenas se iniciaba el camino duro del que tanto había hablado y para el cual tanto se había preparado.

Nació en 1919, parteado por su propio padre el general Rafael José Gabaldón en la Hacienda Santo Cristo, ubicada en el municipio Sucre (Biscucuy) del estado Portuguesa; y fue en El Tocuyo, 19 años más tarde cuando, sobre un bancal de arena, a orillas del río, empeñó su palabra comunista con el futuro. Allí, inició una participación política que no cesó sino cuando la bala equivocó su cauce para irse a anclar en su corazón combatiente.

Las actividades políticas lo llevaron a Caracas, a incorporarse en las luchas estudiantiles y en las huelgas organizadas por la Federación de Estudiantes de Venezuela. Para ese momento, Chimiro (como también se conocía a Gabaldón) era nadador, jugador de béisbol, pescador, cazador y excursionista incansable.

Una vez bachiller, se fue a Argentina a estudiar arquitectura. En el tercer año de su carrera, detuvo su visión arquitectónica para adentrarse en el mundo de la pintura, la literatura y el arte, y con su morral al hombro se fue a Brasil.
Regresó a Venezuela en 1945 a desandar los viejos caminos. A sus destrezas físicas, sumó su pasión por el periodismo, la novelística, el cuento y la poesía. Entendió que había que conocer la historia de su país para poder actuar sobre ella, se dedicó a formular preguntas y a encontrar respuestas.

A la hora de la lucha contra el perezjimenismo, fue el primero en plantear que no se trataba sólo de cambiar al dictador por otro gobernante, sino que había que ir a la raíz de ese acontecer para que los cambios fuesen trascendentes y no formales. Fue entonces cuando comenzó a discutir la tesis de la necesidad de la lucha armada, como respuesta a un gobierno represivo y criminal.

Cuando llega el año 1958, comienza a ver con cierto recelo las políticas de unidad impulsadas por el Partido Comunista. A la hora del III Congreso del PCV, fue quien planteó la necesidad de ir hacia otras formas de lucha. Es el inicio de la experiencia guerrillera en Humocaro y también las primeras derrotas. Desde fines del 61 hasta el 13 de diciembre de 1964, Chimiro estuvo al frente de esa lucha. En ese proceso, le tocó vivir los vaivenes de unos dirigentes que se amoldaban a las circunstancias, antes que analizar histórica, táctica y estratégicamente la realidad sobre la que actuaban.

“No soy un guerrero, nunca lo había pensado ser, amo la vida tranquila, pero si mi pueblo y mi patria necesitan guerreros, yo seré uno de ellos. Y este pueblo nuestro los ha parido por millones cuando los ha necesitado”, decía.

¡QUE ÉXITO! EL PLAN DE LA PATRIA AHORA ES LEY

Por: José Gregorio Alvarado / @JgregorioA

Es una tradición creo que universal, que los candidatos políticos elaboren propuestas a sus electores para captar la intención de voto. Son los llamados programas de gobierno, que en el pasado sirvieron para engatusar al elector y una vez logrado el objetivo pues se tiraba al baúl de los recuerdos convirtiéndose en letra muerta.

Pero como ya es costumbre, desde que la revolución se instauró en el país, de manera excepcional, esa práctica o mejor dicho esa mala maña cuarto republicana se transformó. No olvidemos el año 98 cuando el Comandante eterno se comprometió en una constituyente y transformar la estructura de un país, y cumplió la asamblea constituyente que abrió el camino a una revolución socialista a través de una carta magna, que sentaba las bases para una sociedad más humana, una sociedad de iguales, una sociedad donde aunque los hombres nacieran en condiciones desiguales existiera un Estado que le permitiera nivelar y estar a la par a todos los ciudadanos.

Y así llegamos al 2006 momento en que el comandante eterno se declara firmemente socialista y viene con el proyecto Simón Bolívar. Durante esos seis años se consolidaron las misiones sociales y todas las estructuras  que buscan sentar las bases firmes de una sociedad socialista. Pasamos al 2012 y se viene con el Plan de la Patria; lo excepcional es que el Comandante Chávez fue perseverante en la consolidación de sus propuestas. Ahora los hijos de Chávez somos responsables de continuar el camino trazado por el líder y creador de la revolución Bolivariana, y es por eso que este plan de la patria, o Segundo Plan Socialista de Desarrollo Económico y Social 2013-1019, se convierte en ley con la aprobación de la Asamblea Nacional. Se convierte en ley de hecho, pero desde mi punto de vista el plan de la patria se convirtió en ley el 7 de octubre de 2012, fecha en que más de ocho millones de Venezolanos le dieron el apoyo al comandante eterno a su propuesta, la cual fue ratificada seis meses más tarde con la elección del Presidente Nicolás Maduro Moros, así que la asamblea no ha hecho más que ratificar la voluntad de un pueblo mayoritariamente Chavista.

Ahora merece ser analizado el comentario realizado por la Diputada de la oposición María Corina Machado quien desde su cuenta en twitter dijo: “SEÑOR MADURO, USTED SABE MUY BIEN QUE LA ‘APROBACIÓN’ DEL PLAN (DE DESTRUCCIÓN) DE LA PATRIA POR PARTE DE LA AN, NO LO CONVIERTE EN LEY”. Este comentario no ha de extrañarnos puesto que es usual en los líderes con pensamiento retrogrado la práctica a la que hice referencia, en párrafos anteriores. No olviden que en las elecciones Capriles parecía en su discurso copia y calco de las propuestas revolucionarias, y de repente apareció la verdadera propuesta de tendencia neoliberal que la MUD tenía oculta. Y ¿por qué la oposición se molesta por una ley que lo único que pretende es preservar el bien más preciado que es la libertad? ¿Será que la oposición pretende que seamos colonia de un país extranjero? ¿Será porque el plan busca avanzar en el Socialismo Bolivariano, creando un país de iguales donde las oportunidades se nos den a todos, tal vez no le guste la parte de convertir a Venezuela en un país potencia, o les moleste que pretendamos acabar con la bipolaridad y con verter el planeta en un mundo multipolar y multicéntrico, donde el imperio norteamericano y sus lacayos no puedan decidir los destinos de la mayoría, o ¿será que no les importa ni sus hijos y nietos y por eso les molesta que la revolución quiera salvar al mundo y preservar la especie humana? Claro, para ellos lo más importante es el ahora y las generaciones futuras que vean cómo se las arreglan. ¡Que descaro! No hay otra explicación para no apoyar la creación de esta ley.

Esta ley demuestra la seriedad del Gobierno Revolucionario que preside el Camarada Nicolás Maduro y los principales líderes revolucionarios, quienes al darle carácter de ley, hacen obligatorio el cumplimiento de las propuestas electorales, al pueblo.

Por eso celebramos las palabras pronunciadas por Diosdado Cabello al final de la sesión que aprobó que EL PLAN DE LA PATRIA AHORA SEA LEY: “QUEDA EN ESTA HONORABLE ASAMBLEA NACIONAL APROBADO EL PLAN DE LA PATRIA, EL PLAN DE HUGO CHÁVEZ, DE LA REVOLUCIÓN, PARA LA CONSTRUCCIÓN DEL SOCIALISMO, DE LA INDEPENDENCIA, PARA SER UN PAÍS POTENCIA (…) APROBADO POR LOS DIPUTADOS REVOLUCIONARIOS, LA DERECHA NUEVAMENTE SE ABSTIENE”.

El «pacto» Caldera – PCV

Por: Euro Faría
(Profesor EFAG)

Luego vino el «pacto» entre EEUU, Francia, Inglaterra y la URSS, en contra del III Imperio alemán. El enemigo de mi enemigo es mi amigo. Quiere esto decir que, si nos limitamos al fenómeno sin auscultar la esencia, entonces, los propagandistas del nuevo fascismo mediático tendrían la razón, al culpar de todos los males a los revolucionarios.

Para teorizar con precisión, porque teorizar es conocer, los revolucionarios hemos apelado a las herramientas que nos proporciona el marxismo-leninismo, sobre todo cuando se trata del aspecto táctico. Lenin nos recomendaba que en el análisis no se aceptan blandenguerías o caprichos. La realidad se analiza tan cruda como es, y la síntesis debe tomar en cuenta lo que nos gusta y lo que no. Unidad y lucha de los contrarios, cantidad y calidad y negación de la negación, más las diferentes categorías, son verdaderas reglas de oro para incursionar en el mundo de la abstracción y separar en todas sus partes el objeto que estudiamos, buscar y conseguir donde reside la contradicción principal, dónde está la debilidad del adversario y como ponerla al servicio de los objetivos estratégicos. Suena complejo, pero, es la única manera. La política hay que abordarla como ciencia.

Lo estratégico: el socialismo; cómo llegar, implica el manejo cotidiano de la teoría. En lo táctico, lo inmediato, se puede avanzar en línea recta, en zigzag, retroceder…

La dialéctica nos confirma que todo está en movimiento. Lo que hoy es nuevo, mañana puede aparecer como obsoleto; que hay procesos de acumulación, de maduración, impulsados por las contradicciones en cuyo epicentro aparece la lucha de clases como denominador común para preparar el salto cualitativo, tal como sucedió el 4 de febrero de 1992…

En la vida política de Venezuela se han dado casos que adornan esta afirmación. Pompeyo Márquez, Petkoff, Américo Martín, Bandera Roja, aparecían como abanderados de la antítesis del capitalismo en Venezuela. Sin embargo, cuando se da el salto revolucionario con la presencia del Comandante Chávez en el escenario político, sus respectivas concepciones de clase los llaman a su verdadera ubicación. Sólo de pensar que éstos estaban siendo los llamados a ser comandantes de la revolución si la FALN hubiese triunfado en la década de los 60… 

En lo que va de 1947 hasta nuestros días, el Partido Comunista sólo ha presentado candidato propio en las elecciones de 1947 con el camarada Gustavo Machado y, en 1978, con Héctor Mujica. Del resto, nuestra lucha siempre se ha centrado en lograr la conjunción de fuerzas democráticas, buscar coincidencias, por pequeñas que ellas fuesen, buscando salidas que mejoraran las condiciones de nuestro pueblo. No era cómodo para muchos candidatos «aceptar el pacto» con el PCV. No olvidemos que la única política del Estado venezolano era el anticomunismo, además, nuestro caudal de votos no superaba el uno por ciento. Fue así como en 1952 apoyamos a Jóvito Villalba para tratar de sacudirnos la dictadura de Pérez Jiménez. Y, en la conformación de la Junta Patriótica contra ese gobierno, estaban trabajando juntos, adecos, comunistas, urredistas y copeyanos… 

En 1958 nuestro apoyo fue para Wolfgang Larrazábal. En 1963, nos decidimos por todo o nada y escogimos la lucha armada, cuestión que fue observada por el resto del movimiento marxista internacional como un error y yo, personalmente, llego a la conclusión que, al elegir el camino de las armas en aquellas condiciones, el PCV no fue marxista. El marxismo nos induce a la investigación objetiva para  determinar la correlación de fuerzas existentes, no las deseadas.

En el año 1968 fuimos con la tarjeta pequeña, porque al ofrecerle nuestro apoyo a Prieto Figueroa, éste aceptaba, pero con la tarjeta morada… Sin embargo, internamente se dio la orden de votar por Prieto, y con la pequeña, por UPA. ¿De dónde venía Prieto Figueroa? Anticomunista de uña en el rabo. Pedía que se le otorgase el título de anticomunista número uno de Venezuela, pero, en ese momento, el sector más popular de AD se sumó a esta candidatura y Prieto propinó un golpe importante a las aspiraciones electorales de Gonzalo Barrios, candidato de AD. Entre el MEP de esa época  y el PCV, sólo había en común el enfrentamiento contra la cúpula apátrida de AD… En 1973 apoyamos a través de la Nueva Fuerza, a Paz Galarraga, sec. General de AD durante toda la década de 1960, pero, en ese momento coincidía con nosotros frente al bipartidismo, y su programa de gobierno, era aceptable.

En 1978 ante la imposibilidad de lograr la alianza de la izquierda, el PCV lanza como candidato a Héctor Mujica, uno de sus destacados dirigentes obteniendo el 0,55 por ciento de los votos. En 1983, nuestro candidato fue José Vicente Rangel. En 1988, Edmundo Chirinos, después de haber recorrido todos los escenarios en búsqueda de la unidad de los sectores progresistas.

En 1993, nos acercamos a la Causa R, la misma del Andrés Velásquez de hoy. Nos dijeron que la única forma de aceptar nuestro apoyo era que los comunistas, cuyo partido fue fundado en el año 1931, votaran con la tarjeta de la «ERRE» invertida… No podíamos aceptar semejante condición. Se presenta entonces la discusión en el seno del Partido. A) Participar con candidatura propia,  B) Abstenerse y C) Apoyar a Rafael Caldera, que había presentado “La carta de Intención”. Pero ¿apoyar a Caldera, para qué? ¿En busca de prebendas burocráticas o para enfrentar a Claudio Fermín y Alvarez Paz, como redomados representantes del neoliberalismo? Caldera estaba liquidando a una pata de la mesa del bipartidismo. Copei, como partido, no ha vuelto a levantar  cabeza. Apenas Caldera echó a un lado su Carta de Intención, el PCV le retiró su apoyo. Nunca acudimos a ministerio alguno en busca de cargos o favores. Yo participé en esas discusiones y estuve de acuerdo con esa candidatura en ese momento.

Sin titubear, fuimos los primeros en apoyar la candidatura del Comandante Chávez y celebramos como ninguno, la victoria electoral del 6 de diciembre de 1998.

Es bueno también acotar, que en todos estos «pactos» nunca estuvo en juego el perfil ideológico y revolucionario del PCV.