Textos de Formación Política No. 15. La transición del Capitalismo al Socialismo

LA TRANSICIÓN DEL CAPITALISMO AL SOCIALISMO

La Gran Revolución Socialista de Octubre abrió la época de la transición revo-lucionaria del capitalismo al socialismo en todo el mundo. Esta transición se realiza como resultado de una aguda lucha de clases, en una situación de enfrentamiento en el ámbito internacional entre socialismo y capitalismo, entre progreso y reacción.

El desarrollo de los acontecimientos en el mundo presenta innumerables pruebas que demuestran la justeza de las ideas del marxismo-leninismo.

El triunfo de esta teoría revolucionaria tiene viva expresión en la actividad de las tres fuerzas revolucionarias fundamentales de la época: el sistema mundial del socia-lismo, el movimiento obrero y los movimientos de liberación nacional.

EL SISTEMA MUNDIAL DEL SOCIALISMO

El socialismo rebasó plenamente el marco de un solo país y se convirtió en un sistema mundial. La experiencia de su desarrollo demuestra que la teoría leninista es internacional y aplicable a todos los países y señala la ruta justa de la construcción del socialismo a todos los pueblos. Una nueva demostración de esta realidad es lo sucedido en Cuba. Fidel Castro subrayaba que no se habría podido ni concebir siquiera la Revolución cubana —un acontecimiento que parecía difícil, un acontecimiento que para muchos constituía un imposible—, no se habría podido concebir ni aplicar, sino es partiendo de las ideas esenciales y de los principios del marxismo».

La práctica ha confirmado la evidencia plena de las dos ideas esenciales de la teoría marxista-leninista para formar un mundo nuevo. Primero, la variedad de formas para llegar al socialismo, si bien las leyes son comunes; y segundo, la formación de un nuevo tipo de relaciones internacionales, basado en el internacionalismo y en la amistad fraternal de pueblos libres.

FORMAS  DIVERSAS,  LEYES  COMUNES

Dado que en el capitalismo los países se desarrollan de una manera desigual, llegarán a la revolución socialista también de manera diferenciada: desarrollados económicamente unos, atrasados otros; independientes en el sentido político o, por lo menos, semi-independientes los unos, y avasallados por el imperialismo los otros. Entre unos y otros hay diferencias sustanciales en la estructura de la sociedad (por ejemplo, el predominio del proletariado o el campesinado en las clases trabajadoras; la presencia o la ausencia de una intelectualidad nacional; el grado de conservación de las supervivencias feudales, y el grado de desarrollo de las relaciones capitalistas, de lo que dependerá la consistencia de las posiciones de la burguesía; y, en fin. otros factores). Tienen no poca importancia las particularidades del desarrollo histórico, el carácter nacional, las tradiciones del movimiento de liberación o revolucionario. En el desarrollo del proceso revolucionario en un país dado, influye mucho la correlación de fuerzas en el mundo o la situación internacional, es decir, el conjunto de factores externos.

Se comprende bien que si son distintas las condiciones de partida para construir el socialismo, no podrán ser o no deberán ser iguales las formas, métodos y ritmos de realización de las transformaciones socialistas. La clase obrera triunfante y su vanguardia revolucionaria tendrán que afrontar complicadas tareas: aplicar los principios generales de la teoría marxista-leninista en la coyuntura nacional, explorar formas y métodos que permitan —en la construcción de la nueva sociedad— alcanzar los objetivos fundamentados por la teoría del socialismo científico, del mejor modo y con menores gastos. A disposición de los revolucionarios hay una rica experiencia de la construcción del socialismo en los países ya numerosos. No quiere decir esto, sin embargo, que tengan que copiarla, porque lo que es válido para un país puede no serlo para otro. Así, pues, importa que la experiencia acumulada por los demás, se aplique con sentido práctico, tomando en cuenta las particularidades propias del país determinado.

Mucho antes de que el socialismo rebasase el marco de un sólo país Lenin había dicho que la historia generaría sin falta una abundancia de formas para llegar al socialismo. 

De ahí también la variedad de formas y plazos para la realización de unas mismas trasformaciones socialistas. A las clases derrocadas se privó de sólo una parte de los derechos políticos, y, en algunos países, ni siquiera de eso. La destrucción de la máquina estatal burguesa no se llevó a cabo súbitamente sino poco a poco.

Mostró formas particulares la revolución en los países que fueron colonias o países dependientes. En China, en Corea y en Vietnam, las revoluciones socialistas nacieron de la guerra nacional por la indepen-dencia. En Cuba, que fuera semi-colonia del imperialismo norteame-ricano, el heroico asalto al cuartel Moncada por un grupo de valientes revolucionarios encabezados por Fidel Castro, primero, y el desem-barco del «Granma» después, fueron el comienzo de la lucha armada. Golpeado por los patriotas apoyados por el movimiento obrero y extensas masas de campesinos se desmoronó un régimen carcomido. Entre las particularidades de la revolución cubana figuran la rápida evolución de la revolución democrático-burguesa a la revolución socialista, la formación de la unidad nacional revolucionaria en torno al Ejército Rebelde, el método radical de abolir la propiedad terrateniente y otras.

No obstante, del hecho de que las vías de desarrollo socialista de un país o un grupo de países se diferencien bastante no deberá deducirse que en cada país se crea un socialismo particular, un socialismo «nacional’’. No hay ni puede haber en la sociedad un socialismo ruso o chino, alemán o polaco, cubano o coreano. El socialismo es único. No hay socialismos «nacionales», hay caminos nacionales para llegar al único socia-lismo; hay distintas rutas de las naciones hacia el socialismo. Los rasgos principales del régimen socialista expresan las necesidades objetivas del desarrollo de la sociedad y son necesariamente semejantes y comunes para todos los países o todos los pueblos.

Por esta misma razón, las trasformaciones socialistas, con toda la variedad de formas y métodos que presentan, están subordinadas ineluctablemente a las leyes generales de la transición del capitalismo al socialismo.

El proletariado, los trabajadores, pueden rescatar los medios de producción, pero también apropiarse de ellos sin indemnización; pueden expropiar a la burguesía súbita e integralmente o hacerlo poco a poco. Pero en cualquier caso, los medios de producción habrán de transferirse a la propiedad colectiva, pues de lo contrario no hay por que hablar de socialismo. Eso ya no es objeto de elección sino una ley del desarrollo social.

El Poder Popular de  los trabajadores puede tomar la forma de un poder con un sólo partido o con pluralidad de partidos políticos, esto último cuando está en el poder una alianza de partidos dirigida por los marxistas-leninistas. Mas, en todos los casos es necesario que la dirección estatal de la sociedad la asuma la clase obrera y su vanguardia política, en todas las circunstancias el sistema político del socialismo tiene que incorporar a las tareas de gobierno del Estado a vastísimas masas populares, procurar un desarrollo de las iniciativas o las facultades creadoras de las masas, en otras palabras, establecer la democracia socialista. Tampoco esto es objeto de elección sino, igualmente, una ley del desarrollo social, y eludirla o intentar hacerlo, llevaría a deformar los ideales mismos del socialismo, a complicar la organización de la nueva sociedad y crear dificultades artificiales.

No es difícil comprender la importancia que tiene conocer las leyes generales del paso del capitalismo al socialismo, para no deambular en tinieblas, para ejecutar toda la política sobre una base consecuentemente científica. Esta posibilidad la da la teoría marxista-leninista, que ha sido probada y enriquecida por la experiencia.

Al socialismo no se puede llegar sin revolución proletaria ni dictadura del proletariado, cualquiera que sea su forma, sin estructurar una alianza de la clase obrera con la masa fundamental del campesinado y de otros grupos de trabajadores. En el ámbito de la economía, aparte de la implantación de la propiedad social sobre los principales medios de producción, hace falta trasformar paulatinamente la economía agraria, desarrollar de acuerdo con un plan la economía nacional con vistas a construir el socialismo y el comunismo y a elevar el nivel de vida de los trabajadores. Ha de llevarse a cabo también la revolución socialista en el campo de la ideología y de la cultura, crear una intelectualidad numerosa fiel a la clase obrera, al pueblo trabajador, a la causa del socialismo; suprimir la opresión de las nacionalidades y establecer relaciones de igualdad y de amistad fraternal entre los pueblos. Por último, defender las conquistas del socialismo de los atentados de los enemigos internos y externos, fortalecer la solidaridad de la clase obrera del país con la clase obrera de otros países de acuerdo con el principio del internacionalismo proletario.

Ajustándose a estas leyes y empleando las más diversas formas económicas y políticas de acuerdo con las condiciones concretas, los países que tomaron el camino del desarrollo socialista realizaron una transformación radical de toda la estructura social. 

Es plenamente comprensible que la edificación del socialismo dependa tanto de las condiciones objetivas como de las subjetivas; de lo consecuente que es la realización de las ideas del marxismo-leninismo y de la medida en que es científico el ejercicio de la dirección del proceso social. El incumplimiento de estas exigencias, el desviarse de las teorías estudiadas y de las vías y métodos puestos ya a prueba en la construcción del socialismo, perjudicaría mucho al proceso, frenaría seriamente la construcción de la sociedad nueva, y hasta la echaría hacia atrás.

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