Biografía de Carlos Marx. Capítulo No. 6: El DoktorKlub

La bibliografía que recorrió era extraordinariamente rica y multilateral. Incluía la 
historia de la jurisprudencia romana y del derecho penal, obras latinas originales y derecho canónico, la historia de la filosofía y la filosofía del derecho, y, por supuesto, Cuando Marx se adueñó de la filosofía hegeliana, y en particular de su dialéctica, el mismo proceso ya se había llevado a cabo en un grupo de personas de mentalidad parecida, muchos de los cuales desempeñaron muy pronto un importante papel en el movimiento de los Jóvenes Hegelianos. “Gracias a frecuentes reuniones con amigos en Stralow, me puse en contacto con un Doktorklub, en el que se contaban algunos catedráticos de la universidad y mi más íntimo amigo en Berlín, el doctor Rutenberg —informaba a su padre en noviembre de 1837—. Allí se revelaron, en nuestros debates, varios puntos de vista en pugna.”

Ese Doktorklub no era una reunión, para tomar el té, de académicos de la iglesia y el gobierno, sino un lugar de cita de jóvenes de mentalidad aguda y polémica, que habían inscrito en sus banderas la Crítica de la Religión, ¡pecado fatal y sin precedentes! Allí se concibieron, discutieron y criticaron importantes obras militantes del período. El círculo proporcionaba armas intelectuales a los periódicos y revistas progresistas. Muchos encontraron en él estímulos para su trabajo: el doctor Bruno Bauer, catedrático de teología, para sus disertaciones catedráticas; Karl Friedrich Koeppen, maestro, para sus investigaciones históricas; el doctor Adolf Rutenberg, maestro, para su labor periodística… y los demás para sus batallas cotidianas y sus estudios científicos. Allí, en apasionados debates, desarrollaban sus puntos de vista teóricos, filosóficos, políticos e ideológicos.

Carlos Marx, el estudiante, fue absorbido por ese club de los Jóvenes Hegelianos de Berlín. Pronto se contó entre los miembros que ejercían la más fuerte influencia intelectual, a despecho de su juventud (la mayoría de los integrantes del club eran más de diez años mayores, y se habían graduado hacía tiempo). Una estrecha amistad lo unió a Bruno Bauer y Adolf Rutenberg. El primero, quien desde el comienzo ejerció una fuerte influencia sobre el estudiante, nueve años menor que él, vio muy pronto en él a un colega de igual rango, a quien podía consultar sobre cualquier problema de la época, aun en lo referente a asuntos personales. Friedrich Kóppen también experimentó una profunda simpatía por su brillante compañero intelectual.

Los miembros del Doktorklub se reunían en el café Stehely, en la Gendarmenmarkt (hoy Platz der Akademie), o en alojamientos privados. Marx perteneció al club hasta el final de su carrera universitaria, en 1841. Allí, gracias a la dialéctica hegeliana, se le reveló la comprensión de la historia como un proceso de constantes cambios, de desarrollo de lo inferior a lo superior.

Por más que el joven estudiante pudiese aprender y aprendiera de sus amigos mayores, su pensamiento se internó muy pronto por otros caminos. En tanto que sus amigos usaban la dialéctica hegeliana, ante todo en el terreno de la especulación intelectual, y en primer término, en la crítica de la religión, sin referencias concretas a la realidad, en Marx creció el ansia de aplicar la filosofía al mundo real. En modo alguno subestimaba la importancia de la crítica de la religión. Varios años más tarde escribía, en elogio del Doktorklub: “La crítica de la religión es el requisito previo de todas las críticas…” “La crítica de la religión es, pues, el germen de la crítica de este Valle de Lágrimas, del cual la religión es la aureola”.

La profunda impresión que produjo Marx en ese círculo se indica con ingenio en 

unos versos satíricos, que se publicaron después de su partida de Berlín. Sus autores eran el joven Federico Engels, guardia de artillería en 1841-1842, a quien Marx aún no conocía personalmente, y Edgar Bauer, hermano de Bruno Bauer. En memoria del camarada vehemente e intrépido, el poema decía:

¿Quién es el que raudo llega, cual sobre ruedas? 
Un sujeto de Tréveris, un monstruo pelinegro. 
No camina, avanza a saltos, se precipita, 
Brama de ira, como un poseso grita, 
Levanta los brazos, encolerizado, 
Cual para poner el cielo aquí en la tierra. 
Los puños cierra, y después los blande, 
Perseguido, parece, por el diablo mismo.

La amistad con Bruno Bauer y Rutenberg hizo que Marx participase de manera más activa en la vida cultural de Berlín. Iba al teatro a menudo. La interpretación de Mefistófeles en el Fausto de Goethe, por el conocido actor Karl Seydelmann, le provocó una impresión especial. Visitaba con regularidad a la escritora democrática Bettina von Arnim, cuya casa de Unter den Linden era entonces un centro de la vida intelectual de En esa época —se había mudado a una habitación del 17 de la Mohrenstrasse— maduró en él la decisión de prepararse, no para una carrera legal, sino para una académica, de preferencia como profesor de filosofía. A la larga su padre cedió, con el corazón agobiado, a sus ardientes deseos; lo hizo por cariño hacia su hijo, aunque no le resultaba posible quitarse de encima el temor de que a Carlos le preocupase muy poco proteger sus medios de vida. Esta aprensión le inquietaba tanto más, cuanto que sentía debilitarse sus propias fuerzas.

Heinrich Marx murió el 10 de mayo de 1838, a los 61 años de edad apenas, luego de una prolongada enfermedad. Carlos Marx había abrigado cálidos sentimientos hacia su padre, a quien siempre pudo confiar sus problemas e inquietudes. Hasta el final de su vida. La muerte de éste empeoró la situación financiera de Carlos. Su madre, en quien recayó entonces el cuidado de los siete hijos —el menor, Eduard, había muerto de tuberculosis en 1837—, no podía entender por qué el mayor se dedicaba a la tan poco provechosa filosofía. Por lo tanto Carlos hizo un esfuerzo para terminar sus estudios lo antes posible. Pero su implacable autocrítica, que seguiría siendo característica de toda su actividad científica posterior, le impidió terminarlos en forma prematura.

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