Biografía de Carlos Marx. No. 10. Las alas palpitantes de un alma libre.

Marx no se conformó con la lectura de publicaciones socialistas. Buscó un intercambio de opiniones y participó en una discusión sobre el socialismo, patrocinada por un grupo de intelectuales de Colonia. En esa ronda de discusiones conoció al doctor Karl Ludwig d’Ester, quien unos años más tarde se convertiría en su compañero en la Liga Comunista.

Marx seguía siendo un demócrata revolucionario. Todavía lo dominaba la concepción, en el sentido hegeliano, de que la solución de los problemas sociales dependía de la trasformación del Estado, cuya meta debía ser la organización razonable de la sociedad. Pero esta concepción comenzó a quedar atrás a medida que, paso a paso, llegó a formarse la convicción de que el Estado no poseía el carácter razonable, ni el papel decisivo en el desarrollo histórico, que Hegel le había atribuido. Por otro lado, Marx se vio llevado a estos pensamientos y a nuevas concepciones debido a su preocupación por los problemas económicos y sociales, así como por sus experiencias cotidianas frente al Estado prusiano y a su burocracia.

Escribió sobre un problema social, por primera vez, en el otoño de 1842, cuando continuó su análisis de las sesiones del Landtag con una serie de artículos sobre “Los debates sobre la ley relativa al robo de leña”. El Landtag había discutido un proyecto de ley orientado contra el robo de leña, así como contra las violaciones relacionadas con la caza y el pastoreo. Estas violaciones iban en aumento a consecuencia de la creciente pobreza de los campesinos. El Landtag, asamblea de terratenientes, y por lo tanto, también de dueños de bosques, declaró que tales violaciones eran pasibles de la pena de cárcel.

En sus artículos, Marx desempeñó el papel de abogado de los pobres. Denunció con indignación las brutales medidas de los terratenientes contra “las masas de pobres que carecen de derechos políticos o sociales”. Se identificó de todo corazón con las clases empobrecidas, cuya existencia “hasta ahora ha sido no más que una costumbre de la sociedad, y que todavía no encontraron un lugar adecuado en la organización consciente del Estado”.

Sus críticas se basaban aún en motivos legales y morales, pero en ellas, cada vez con más frecuencia, aparecían ya nuevos tonos. Mostraban que en sus investigaciones, Marx percibía cada vez en mayor medida la presencia de intereses de clase en la sociedad burguesa, y también la importancia del proletariado en dicha sociedad. Su análisis de los debates sobre la “ley de robo de leña” le proporcionó un ejemplo de “lo que se puede esperar de una elevada asamblea de intereses especiales, si se le confía con seriedad la tarea de legislar”.

Él mismo confirmó más tarde que esas nuevas concepciones influyeron con energía en su desarrollo científico. En una mirada hacia atrás, escribía en 1859: “En 1842-1843, como director del Rheinische Zeitung, me encontré por primera vez en la inquietante obligación de tener que opinar sobre los denominados intereses materiales. Las sesiones del Landtag del Rin sobre el robo de leña… me ofrecieron la primera oportunidad de ocuparme de problemas económicos”.

A principios de 1843 los asuntos sociales comenzaron a preocuparle cuando, en una serie de artículos, investigó la situación de los campesinos del distrito del Mosela. Los campesinos de la región, dueños de pequeños viñedos, pasaban por terribles apremios. Cuando Rheinische Zeitung recogió sus quejas, el presidente prusiano replicó con arrogantes “correcciones” y acusó de calumnia al periódico. Marx reaccionó con vigor. Después de un mayor estudio de todos los materiales, que también llevó a cabo en el mismo lugar, en el valle del Mosela, demostró, hasta el

último detalle, que el gobierno nada había hecho de importancia para ayudar a los campesinos del distrito. Acusó a la burocracia prusiana de arruinar, sin pruritos de conciencia, a los campesinos. En lugar de buscar maneras de mejorar la situación, juntamente con la prensa libre, la burocracia había reprimido con brutal violencia las legítimas quejas de los campesinos empobrecidos y la crítica de la prensa… clara imagen “del espíritu político de los gobernantes, y de su sistema”.

Gracias a tales trabajos periodísticos, Marx se familiarizó con muchos nuevos problemas de la vida contemporánea. Su honda investigación de los asuntos económicos le ayudó en especial a adquirir una mejor comprensión de las relaciones económicas y sociales en la vida de la sociedad, y en especial del Estado.

En sus artículos sobre los campesinos del Mosela llegó a destacadas conclusiones: “En la investigación de la situación del Estado se siente muy fácilmente la tentación de prescindir de la naturaleza, objetiva de la situación, y de explicarlo todo sobre la base de la voluntad de las personas involucradas. Pero existen situaciones que determinan las acciones de las personas, así como de algunos funcionarios, y que son tan independientes de ellos como la respiración”. Esto, sin embargo, significaba —por mucho que se conservara la terminología hegeliana— que ya no podía verse la situación legal del Estado como basada en la “Idea Absoluta”, o en la razonabilidad, sino en circunstancias sociales concretas. Es característico de la naturaleza humanista de las ideas y acciones de Marx que su apasionada defensa de los intereses de las masas populares le permitiese avanzar, paso a paso, más allá de la concepción de Hegel, trabada por limitaciones idealistas acerca del Estado, y de la concepción de Feuerbach sobre el hombre, limitada por nociones metafísicas.

Su trabajo como director en jefe también fue para Marx de extraordinaria importancia en otro sentido. En las controversias diarias, y sobre la base de sus experiencias personales, desarrolló un amplio conocimiento y un profundo odio respecto del Estado Junker prusiano, su burocracia y la arrogancia y brutalidad de ésta. 

Chocó contra el alma del prusianismo en distintas formas, de las cuales la represión de toda opinión libre no era la última. Bajo la guía de Marx, Rheinische Zeitung avanzó con rapidez. En octubre de 1842 tenía 885 suscriptores, cuatro semanas después ya contaba con 1.800; ocho semanas más tarde, eran 3.400. Gracias a la firmeza de los principios democráticos del director en jefe, el periódico conquistó muy pronto a entusiastas lectores… y no sólo en Renania.

La vida obligaba a Marx a adoptar posiciones todos los días. Lo hacía poniéndose de parte del progreso social, de las legítimas demandas de libertad de prensa de la burguesía, de una Constitución, de la participación en la administración del Estado, y en especial de su economía. Pero en no menor medida se mostraba partidario de los trabajadores desamparados, de sus derechos democráticos y de sus reivindicaciones de mejoramiento de su situación social. De tal manera Marx se convirtió en un coherente demócrata revolucionario, se preparó para dar el primer paso de alejamiento de las posiciones democrático-burguesas, hacia el comunismo.

Su mano orientadora se percibía no sólo en los artículos e informes políticos. También utilizaba los folletines para llevar a cabo hábiles ataques contra todo lo que se interpusiera en el camino de las aspiraciones democráticas, o que sirviese a la opresión social. Promovió en especial la obra de Georg Herwegh, con quien había trabado amistad en el otoño de 1842. El poema de Herwegh “El partido” ya se había publicado en la primera de 1842, en Rheinische Zeitung. Entonces, con Marx como director en jefe, siguieron otros poemas. Rheinische Zeitung fue el primero en publicar, en setiembre de 1842, las palabras de Herwegh que se hicieron famosas en Alemania:

¡Dejen lugar, caballeros, para las alas palpitantes de un alma libre!

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