Biografía de Carlos Marx. No. 8. Salto a la vida política

En el umbral de esas décadas tormentosas las fuerzas feudales —y en particular el gobierno prusiano— confiaban en su poder y se dedicaban a hacer todo lo posible para aplastar a la creciente oposición liberal y democrática. Lo mismo que en política, la reacción feudal asestaba implacables golpes en el terreno de la ideología.

Los periódicos progresistas fueron prohibidos, y la censura se acentuó en general. El gobierno también comenzó a acosar a los Jóvenes Hegelianos, los más coherentes de los cuales se oponían en forma abierta al Estado prusiano, desde las universidades y las oficinas editoriales.

En tales circunstancias Marx vio que tambaleaban sus planes primitivos, en especial la idea de un puesto de catedrático en la Universidad de Bonn. Por lo tanto, Carlos y Jenny se vieron obligados a volver a esperarse el uno al otro.

En julio de 1841 Marx viajó a Bonn para visitar a Bruno Bauer, quien trabajaba allí como profesor de la universidad. Marx abrigaba aún la esperanza de que desde la plataforma de la cátedra pudiera lanzarse a la controversia contra los oscurantistas. 

Pero pronto tuvo que ver cómo su amigo, por instigación del gobierno de Berlín y de los profesores obedientes a él, era expulsado de la universidad. Marx abandonó todo pensamiento de entrar en ésta. En Prusia ya no quedaba ni la ficción de las libertades académicas.

De tal manera, a consecuencia de las luchas entre el creciente movimiento antifeudal y el Estado prusiano reaccionario, se vio empujado cada vez más hacia el que se había convertido en el más importante campo de batalla entre la reacción y el progreso: el de publicista político. Al comienzo trabajó con Bruno Bauer en varias críticas contra la religión, leyó y condensó para ello toda una serie de obras de arte y religión. Pero sus experiencias le enseñaban cada vez más que la crítica del Estado prusiano en el terreno de la filosofía ya no era suficiente. El deber de los filósofos era participar de manera directa e inmediata en la lucha política. Cuando se presentó la oportunidad de hacerlo, la aprovechó con energía y decisión.

A principios de 1842 el rey prusiano había emitido una reglamentación sobre la censura, que parecía atenuar el amordazamiento de la prensa. Mientras surgía un ardiente júbilo entre algunos supuestos liberales, y en particular entre los filisteos, por ese acto de “piedad” monárquica. Marx analizó el verdadero contenido del decreto del gobierno en el artículo “Observaciones sobre la nueva reglamentación prusiana de la censura”. Con implacable lógica y tajante sarcasmo, mostraba que la aparente moderación de la censura estaba destinada en realidad a agudizar lo que ya era muy arbitraria forma de represión, y revelaba la orden del rey como una repugnante deformidad nacida del temor, la estupidez, la arrogancia y la hipocresía. Llegaba a la conclusión de que la censura reaccionaria debía ser anulada por entero, no atenuada o cambiada. “La única cura auténtica para la censura sería su abolición”, escribía.

Con ese artículo Marx pasaba directamente a la lucha política. Por primera vez, adoptaba una posición pública contra la reacción. Ese primer artículo ya lo destacaba con claridad como a un demócrata revolucionario preocupado por cambiar de raíz el medio reaccionario, y no sólo por reformarlo. De ese modo se alejaba cada vez más de la mayoría de los otros Jóvenes Hegelianos, quienes tendían a elevar la crítica filosófica al rango de objetivo en sí misma, en lugar de combinarla con la lucha política.

En su deseo de atacar políticamente al Estado prusiano como principal enemigo del progreso en Alemania, Marx encontró experimentados compañeros de armas. Bruno Bauer, cuyo individualismo le impedía efectuar el paso del liberalismo a la democracia, e ir hacia el pueblo, no fue uno de ellos; más bien lo fue Arnold Ruge, uno de los Jóvenes Hegelianos. Ruge, otrora, Burschenschafter, había pasado seis años en una cárcel prusiana, luego de lo cual publicó los Hallische Jahrbücher, los Anales de Halle, como órgano de los Jóvenes Hegelianos. Como se negó a doblegarse ante el censor prusiano, se vio obligado a trasladarse a Dresden en 1841. Allí volvió a publicar su periódico con un nuevo título, Deutsche Jahrbücher (Anales alemanes), y atacó al Estado prusiano con más energía crítica que antes. El ejemplo de Ruge ayudó a Marx a pasar a la acción política directa, y entonces le envió su primer esfuerzo literario.

El artículo de Marx contra la censura sería víctima de la censura misma. Pero si bien Ruge no pudo publicarlo en Alemania, lo incluyó en una colección de ensayos editados en Suiza, en 1843. El libro fue prohibido en Prusia en cuanto se publicó. Nada podía mostrar con mayor claridad cuan perfectamente había dado en el blanco el análisis de Marx sobre la censura prusiana.

El artículo estaba firmado, no con el nombre de Marx, sino con el seudónimo “De un renano”. Su objetivo consistía en subrayar el antagonismo que entonces existía acerca de problemas fundamentales, entre los liberales burgueses y el movimiento democrático de Renania, por un lado, y los viejos Junkers prusianos por el otro. La firma “De un renano” era un desafío en nombre de los demócratas, contra la reacción del este del río Elba.

En 1842 Marx escribió otros trabajos para los Deutsche Jahrbücher de Ruge. Pero la mayoría quedaron inconclusos. Por lo general vivía en Tréveris, pero también pasaba algún tiempo en Colonia y Bonn. Su energía para el trabajo y su necesidad de acción no conocían límites, y se expresaban, no sólo en numerosos planes literarios, que ocupaban gran parte de su tiempo, sino también en su necesidad de compañía congenial y de diversiones.

“Marx) ha vuelto aquí —informaba Bruno Bauer a su hermano Edgar en abril de 1842—. El otro día viajé con él al campo, para gozar otra vez del magnífico paisaje». El viaje fue delicioso. Como siempre, estábamos de buen humor. En Godesberg alquilamos un par de borricos y galopamos como locos por las montañas y a través de la ciudad. La gente de la sociedad de Bonn nos miraba con más asombro que nunca. Nosotros estábamos alborozados, los asnos rebuznaban”.

Más importantes, para su futuro desarrollo, que sus estudios de filosofía y de historia del arte durante esos meses, fueron los dos factores siguientes: llegó a conocer las concepciones filosóficas de Ludwig Feuerbach, y al mismo tiempo se internó aun más en el movimiento político de los renanos.

Entre los libros que Marx estudió durante sus visitas a Bonn se contaba uno que leyó con ardiente interés: una obra recién publicada de Ludwig Feuerbach, filósofo alemán del sur. La esencia ¿Leí cristianismo? ¿Qué fascinó tanto a Marx en esa obra? Aparecía en ella un filósofo que no sólo apuntaba una filosa crítica contra la ideología religiosa de la clase feudal, y no sólo desarrollaba en forma crítica ciertos aspectos de la filosofía hegeliana; todas las religiones, lo mismo que la totalidad del idealismo hegeliano, era arrojado por la borda como incompatible con la verdadera esencia del mundo y con la dignidad del hombre.

Para remplazarlos se postulaba el materialismo filosófico. Ni el mundo, ni el hombre, declaraba Feuerbach, necesitan un dios o la “Idea Absoluta”. Son “necesarios en y por sí mismos”, y son “sensoriales y materiales”. El hombre sólo existe gracias a la naturaleza, y es un producto del desarrollo de ésta. La naturaleza, el ser: eso es lo primario, y existe con independencia del hombre y de su conciencia. 

Nada hay fuera de la naturaleza y del hombre, ni siquiera un dios. La religión es un producto de los seres humanos. No fue dios quien creó al hombre, sino que el hombre creó a dios a su imagen y semejanza. Estas concepciones de Feuerbach quebraron el hechizo del idealismo hegeliano. Las ideas materialistas, ateas y humanistas de Feuerbach ejercieron un efecto literalmente enorme sobre los intelectuales progresistas de Alemania. “Era preciso experimentar en persona la influencia liberadora de este libro para poder imaginarla —escribió Federico Engels más tarde, mirando hacia atrás—. El entusiasmo fue general. De pronto todos nos volvimos Feuerbachianos”. Pero la penetración crítica de Marx comenzó a percibir también las debilidades de las enseñanzas de Feuerbach, en especial su debilidad consistente en ver al hombre sólo como un ser biológico, pero no como un ente social. 

Ello le impedía aplicar el materialismo a la sociedad humana y a su historia. Pero esta omprensión fue madurando poco a poco en el propio Marx. Por el momento, la batalla política cotidiana le imponía tales exigencias, que su ajuste de cuentas con la filosofía de Feuerbach ocupaba un segundo plano.

La creciente burguesía de la provincia prusiana del Rin había fundado el Rheinische Zeitung für Politik, Handel und Gewerbe (Periódico renano de política, industria y comercio), en Colonia, a principios de 1842. Con la ayuda del periódico, la burguesía apuntaba a defender los intereses económicos y políticos de la industria y el comercio renanos. El gobierno de Prusia no confiaba en ese órgano liberal, pero lo había tolerado por consideraciones tácticas, con la idea de que se convirtiese en contrapeso de Koelnische Zeitung, católico extremo, que se orientaba hacia Roma en lugar de dejarse guiar por Berlín.

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