Textos de Formación Política No. 9. Las masas populares y el individuo

LAS MASAS POPULARES Y EL INDIVIDUO

Si abrimos un manual de historia encontraremos en sus páginas varios centenares de nombres de personas que dejaron profunda huella en la vida de la sociedad. Fueron sabios, capitanes, figuras sociales, artistas, pensadores, jefes revolucionarios. ¿Quién no conoce los nombres de Alejandro Magno y de Artigas, Julio César y Simón Bolívar, Pedro I y San Martín, Napoleón y O’Higgins? Podría parecer que fueron ellos los únicos forjadores de la historia.

Claro que las personalidades destacadas desempeñan un importante papel. ¿Acaso podríamos negar la importancia de Robespierre en la historia de Francia? Más, ¿en qué consistió la fuerza de este hombre? Fue el portavoz del pueblo francés contra el feudalismo. Por eso las masas lo eligieron jefe y le apoyaron. Por el contrario, ¿en qué consistió la debilidad de Robespierre que le llevó a la guillotina, en la que ejecutaban a los enemigos de la revolución? En que había perdido el apoyo de las masas.

La América Latina de los tiempos del dominio colonial de España y Portugal dio al mundo relevantes figuras sociales y políticas. José Artigas, destacado luchador por la independencia nacional, fundador del Estado de Uruguay. La fuerza de Artigas consis-tía en que su programa socio-económico, las consignas de república independiente y soberanía popular, expresaban más plenamente los intereses y anhelos de la abrumadora mayoría del pueblo. O, por ejemplo, Simón Bolívar, descollante figura en la historia de América Latina. Al abolir la esclavitud y dar tierra a los soldados del ejército libertador, Bolívar se ganó el apoyo de las masas. Su actividad orientada a liquidar el dominio colonial y sus inherentes atributos feudales, contribuyó de forma objetiva al desarrollo de una sociedad más avanzada, ya que expresaba el estado de ánimo de las capas más progresistas de la sociedad.

Otro ejemplo: Tiradentes, héroe nacional de Brasil. A finales del siglo XVIII encabezó una organización clandestina que se imponía como objetivo luchar por la inde-pendencia de Brasil y crear la república brasileña. Tiradentes y sus correligionarios, gentes valerosas y sagaces, hicieron su aporte para minar los pilares de la vieja sociedad, fueron ejemplo de lucha abnegada contra la esclavitud colonial. Pero eran héroes solitarios, aislados de las amplias masas de indios y negros que componían la mayoría de la población. Por eso su actividad, al no apoyarse en el movimiento de liberación, sufrió un rotundo fracaso.

Por consiguiente, la actividad de los grandes hombres se basa en el movimiento de las masas populares, que nace de una profunda necesidad de desarrollar la sociedad, la nación. Si el individuo excepcional está aislado de las masas, fracasa, así como si no expresa las acuciantes necesidades del desarrollo social.

Una pregunta: ¿qué sería de la historia si tal o cual gran hombre no hubiese salido al escenario? Si por una casualidad Bolívar hubiese muerto en la infancia, ¿alguno otro hubiera encabezado la lucha por la independencia? Pues claro que sí. La historia la determinan leyes objetivas del desarrollo de las formaciones socio-económicas. Y la lucha por la independencia de las colonias españolas en cualquier caso se hubiese desplegado, ya que era una necesidad histórica. Si no hubiera existido Bolívar, en el escenario de las luchas americanas habrían otros Bolívar. Seguramente las cosas no hubiesen sucedido tal como ocurrieron, y los plazos hubieran sido distintos, pero la dirección esencial del desarrollo habría sido la misma.

El papel de la personalidad relevante consiste en que ve más claro que otros, comprende y expresa con mayor precisión las necesidades sociales, organiza a las fuerzas progresistas y dirige la lucha por satisfacer dichas necesidades.

Al comparar las grandes personalidades de épocas distintas podemos establecer que la importancia histórica de sus actividades la ha determinado siempre la magnitud del movimiento social del que han sido portavoces. El movimiento revolucionario del proletariado, cuya misión no tiene parangón con ningún  otro movimiento  social  de  la historia, exige mucho de sus jefes y dirigentes.

Los fundadores del marxismo-leninismo, C. Marx, F. Engels y V. I. Lenin, eran hombres de destacadas cualidades: profunda previsión científica, capacidad de sinte-tizar magistralmente la experiencia del movimiento revolucionario y conjugar la teoría y la práctica, talento organizador, voluntad inflexible, valentía. La humanidad les rinde tributo de profundo respeto por el gran aporte que hicieron a la lucha por liberar a los trabajadores.

La lucha revolucionaria en América Latina ha dado al mundo importantes figuras del movimiento revolucionario y obrero internacional: Luis Emilio Recabarren, Victorio Codovilla y Astrogildo Pereira, pionero del marxismo en Brasil. América Latina jamás olvidará a los pioneros: José Alien y Manuel Díaz Ramírez (México), Francisco R. Pintos (Uruguay), Elias Lafferte (Chile), Carlos Baliño y Julio Antonio Mella (Cuba), Manuel Calix Herrera y Juan Pablo Vaingrait (Honduras), José Carlos Mariátegui (Perú), Farabundo Martí (El Salvador) y otros muchos.

La actividad de todo hombre destacado es la limitada por las necesidades sociales de la época dada. Otro tanto sucede en la ciencia, el arte y la cultura; en definitiva el progreso cultural lo determinan las necesidades sociales. Los grandes sabios hacen descubrimientos, preparados ya por la práctica social; los grandes artistas en sus obras expresan los criterios sociales de su época.

¿De dónde surgen las necesidades sociales que engendran a los grandes hombres? Son, en primer término, resultado del desarrollo de la producción. Si esto es así, estamos obligados a deducir que el papel determinante en la historia lo desempeñan aquellas gentes que están ocupadas en la producción y crean bienes materiales. Esta gran tarea histórica la cumplen siempre los trabajadores.

¿Y en política? Puede decirse con toda seguridad que jamás hubo en la historia acontecimiento de trascendencia en el que las masas populares no desempeñaran un papel decisivo: en las revoluciones y en las guerras de liberación, la última palabra la ha dicho el pueblo. Pero también en los períodos de paz, en que las clases dominantes tratan de no permitir el acceso del pueblo a la política, éste ejerce en ella una fuerte influencia. Cuántos presidentes y ministros testaferros de los explotadores, se han visto obligados a tener en cuenta las demandas populares. Con su lucha, las masas trabajadoras obligan a los gobiernos a hacer concesiones. En la historia moderna de América Latina podemos encontrar numerosas pruebas. En octubre de 1954, en Honduras, como resultado de grandes movimientos huelguísticos fue implantada una legislación obrera y permitida la actividad de los sindicatos; en Argentina, en abril de 1956, las masas obligaron al gobierno de Aramburu a poner en libertad a los dirigentes del Partido Comunista; en agosto de 1958, los trabajadores de Chile obligaron a los círculos dirigentes a legalizar el Partido Comunista; en enero de 1962 las acciones de las masas populares impidieron que se implantase en la República Dominicana una dictadura militar. 

Hoy, presionados por el creciente movimiento revolucionario en el continente y en el mundo, los círculos dirigentes de muchos Estados latinoamericanos, a pesar del dictado USA, se han visto obligados, por ejemplo, a establecer relaciones con los países socialistas, a cesar el bloqueo económico y político de Cuba.

En el campo de las artes y las ciencias, a primera vista, intervienen relevantes perso-nalidades: científicos, escritores, poetas, pintores, músicos. De dónde las grandes mentes sacan sus ideas, su inspiración. Es sabido que la ciencia se desarrolla sobre la base de la práctica, de la producción. O sea, las fuentes de las ideas científicas se hallan en la enorme experiencia que gota a gota van acumulando los productores directos de bienes materiales: las masas populares.

Como vemos, no hay dominio de la vida social en donde el pueblo no desempeñe un primordial papel. Y este papel es cada vez mayor, sobre todo en la época actual en que la humanidad pasa al socialismo, grandiosa tarea histórica, es imposible si las amplias masas trabajadoras no toman parte en ella.

Temas de Formación Política No. 7. Formas históricas de comunidades: gens y tribu

Formas históricas de comunidades Gens y Tribu

Además de las diferencias de clase desde tiempos muy remotos existían formas históricas de comunidades.

Las primeras formas —las gens y las tribus— surgen de la familia gentilicia. Ya lo dice el término mismo de gens, que indica la procedencia común de sus miembros. En tiempos remotos de la historia humana las gentes vivían en grupos y se consideraban unidas por el parentesco, por una procedencia común (por línea) materna o paterna). Estos grupos de gentes vivían juntos, en comunidad. Esto no era un capricho o una muestra especial de sentimientos familiares. Les obligaba a ello la necesidad que tenían de llevar en común la hacienda, cultivar hábitos laborales y educar a los descendientes.

Con el tiempo estas comunidades gentilicias crecen y se ramifican. Las relaciones de parentesco y de trabajo se mantienen. Se forman grandes agrupaciones gentilicias: las tribus. La tribu podía tener centenares y hasta miles de personas; ocupaba un territorio determinado para vivir y cazar; hablaban todos la misma lengua, tenían las mismas creencias religiosas, costumbres y ritos. Toda la vida del gens y de la tribu se basaba en principios democráticos. Los ancianos dirigían la comunidad gentilicia y eran elegidos por los adultos. La tribu la gobernaba un consejo, elegido en una asamblea de todos los miembros de la tribu.

Más tarde empiezan a formarse comunidades por lazos de parentesco. Estas comunidades tribales las reclamaba la vida y la guerra. Sin embargo, el eslabón que las liga son los vínculos de sangre. El cambio del vínculo consanguíneo por el vínculo territorial, que surgen con el desarrollo de la economía, condujo a la formación de etnias y, seguidamente, de naciones.

LAS ETNIAS Y LA NACIÓN

La comunidad de tribus era una organización demasiado extensa para que pudiera mantenerse largo tiempo unida sólo por vínculos de parentesco. Con el desarrollo de las relaciones económicas, comenzó a desempeñar un gran papel la proximidad territorial, donde vivían gentes de otro parentesco. 

El vivir en un mismo territorio, usar una lengua y tener las mismas costumbres, determinan el destino histórico de grandes grupos de gentes, forman en ellos una sicología y una cultura comunes. Así se constituyen las etnias.

Esta surge en la época esclavista y en la del feudalismo. Por ejemplo, en la primera se forman la egipcia y la griega. En la feudal, las nacionalidades de Europa Occidental.

Las etnias es una forma de comunidad relativamente inestable. Muchas etnias de la antigüedad se disgregaron, otras dieron origen a diversas naciones.

Esta relativa fragilidad de los lazos que unen a las etnias se explica porque no tenían una economía unitaria, en la cultura eran demasiado fuertes las diferencias locales, y de la lengua común empiezan a derivarse una serie de dialectos.

Las etnias empiezan a consolidarse en naciones al desarrollarse las relaciones capitalistas. El capitalismo rompe con las barreras locales, crea un mercado nacional, enlaza a una o varias etnias bajo una economía común. Como resultado, la unidad de territorio se complementa con la unidad económica y sobre esta base surge una cultura nacional común, se desarrolla la autoconciencia nacional y los sentimientos patrióticos. La nación es una comunidad sólida de gentes vinculadas, por relaciones económicas, territoriales, de lengua, culturales y sicológicas.

Las relaciones nacionales desempeñan un importante papel en el desarrollo social. Repercuten en la economía, en la política y en la cultura.

Dos tendencias en el desarrollo de la nación

El desarrollo de las relaciones nacionales se caracteriza por dos tendencias contrapuestas: el despertar de la vida nacional, la independencia y la soberanía; y ampliación de las relaciones entre las naciones, ruptura de las barreras nacionales, internacionalización de la vida social.

En esencia, ambas tendencias son progresistas: enriquecen la civilización. Sin embargo, bajo el capitalismo chocan con fuertes obstáculos y se abren camino a través de agudos conflictos entre las naciones. El anhelo de independencia nacional encuentra la resistencia de las clases dominantes y sólo puede alcanzarse en lucha tenaz. Bajo el capitalismo, las relaciones entre las naciones se desarrollan en forma antagónica: mediante el sojuzgamiento de unas naciones y etnias por otras.

Ambas tendencias se ven con viva claridad en el ejemplo de América Latina. La lucha antimperialista crece en condiciones de feroz resistencia que oponen los monopolios norteamericanos, que no están dispuestos a perder sus privilegios. Por eso, con todo lo que pueden, apoyan a las fuerzas reaccionarias en diversos países latinoamericanos. Así lo testimonian todos los «planes» y «programas» de Estados Unidos respecto a América Latina. En 1947 salió a la luz el «plan Marshall». Según el mismo, América Latina debía ayudar a los países de Europa Occidental como proveedora de materias primas baratas. Resultó que el capital extranjero, en especial el norteamericano, se volcó sobre el continente. Los países de esta zona se vieron obligados a renunciar a su propia industrialización y convertirse en suministradores de materias primas para la industria de EE.UU. ¡Cuántos golpes reaccionarios ha habido desde que USA proclamó en 1964 la doctrina Mann: ¡línea oficial de apoyo a los regímenes de terror en América Latina! La «Alianza para el progreso» y todo género de eras de «buena vecindad», de «buenos socios», de «buenos vecinos», etc, etc, todo ello persigue un sólo fin: consolidar las posiciones de USA en América Latina y exterminar los movimientos revolucionarios y democráticos.

La lucha de los pueblos por la independencia y el renacimiento nacional se entrelaza con el movimiento revolucionario de la clase obrera internacional por la emancipación social de la humanidad, subyugada por el capital. Sólo por este camino lograrán los pueblos una verdadera igualdad nacional, podrán desplegar sus capacidades y talentos. Y de este modo se crearán las condiciones para que reine la amistad entre las naciones.

El nacionalismo burgués y el Internacionalismo proletario

Como indicábamos anteriormente, las naciones se forman al nacer el capitalismo. Es lógico que la burguesía desde un principio trate de valerse de la conciencia nacional y de los sentimientos nacionales en provecho de sus propios intereses de clase. Proclama sus ambiciones como intereses de toda la nación. Se exponen ideas sobre la superioridad de tal o cual nación sobre otras. La burguesía trata de embriagar con el nacionalismo a las masas, de impedir el crecimiento de la conciencia de clase del proletariado, de provocar en las filas de los trabajadores discordias nacionales. Para ilustrar este ejemplo recordemos la guerra boliviano-paraguaya de 1932-1935, en la que sucumbieron más de 60 mil vidas, «la guerra de fútbol» entre Honduras y El Salvador, los litigios fronterizos entre Colombia y Venezuela.

La cuestión del papel histórico del nacionalismo hay que abordarla de manera .concreta. El nacionalismo de una nación que lucha contra el imperialismo tiene un fondo democrático y progresista. Las ideas y sentimientos nacionalistas, en este caso, son una protesta contra el imperialismo. Pero también, además de facetas positivas, presenta rasgos negativos. El contenido progresista puede desarrollarse sólo sobre la base de que se defienda consecuentemente los intereses de los trabajadores —la mayoría de la nación— frente a los intereses de la reacción, que sin vacilaciones, en razón de mantener privilegios de clase de poco alcance, traiciona la causa de la liberación nacional.

Al nacionalismo, la clase obrera contrapone el internacionalismo proletario, la solidaridad clasista de los trabajadores, de todas las naciones y razas en la lucha contra el poder del capital, por liberarse de toda opresión social y nacional. La divisa de lucha de la fraternidad internacional de los obreros es la famosa consigna: ¡Proletarios de todos los países, uníos!

Las raíces del internacionalismo proletario se encuentran en la situación de la clase obrera dentro de la sociedad capitalista. El capital es una fuerza internacional. Por ejemplo, los grandes capitalistas y banqueros en distintos países del continente están ligados con los monopolios de EE.UU., Inglaterra, RFA, Japón. Los beneficios que van a parar a las cajas fuertes de los multimillonarios de cualquier país, los crea el trabajo de obreros de distintos países. De ahí que para quebrantar el poderío del capital mundial es necesaria la unión internacional de la clase obrera, de todos los trabajadores. El principio del internacionalismo proletario preside las actividades de la vanguardia revolucionaria de la clase obrera: los partidos marxistas-leninistas.

El internacionalismo proletario no tiene nada de común con el nihilismo nacional, que niega la existencia de naciones, los rasgos peculiares de éstas, la cultura y el orgullo nacional. No se trata de negar los intereses nacionales, sino de saber conju-garlos bien con los intereses de clase internacionales de los trabajadores.

El nacionalismo burgués, si de palabra ensalza a la nación, de hecho perjudica sus intereses vitales. Bajo la bandera del nacionalismo y el chovinismo fueron desenca-dena-das guerras que condujeron a grandes catástrofes nacionales. El fascismo alemán sumió a la humanidad en la segunda guerra mundial, que fue una tragedia nacional para muchos pueblos del mundo, incluido el alemán. El nacionalismo burgués, al dividir y contraponer a las naciones, siembra el odio y la enemistad entre los pueblos.

El internacionalismo proletario relaciona los destinos de la nación con la eman-cipación social de los trabajadores. Despierta a las fuerzas vivas de la nación, abre para cada una la perspectiva de progreso en la alianza internacional de pueblos con iguales derechos. El internacionalismo proletario, al defender los intereses comunes de la clase obrera internacional, que es el motor de la historia, encarna los intereses verdaderos de todas las naciones.

La necesidad histórica y la actividad del hombre. Los hombres y la historia

Si la sociedad, al igual que la naturaleza, se desarrolla por leyes objetivas, es lógico que nos preguntemos: ¿qué papel desempeñan los hombres en la historia?

Las leyes de la historia se distinguen precisamente de las leyes de la naturaleza, porque aquéllas se abren camino a través de la actividad de los hombres. La necesidad histórica no se manifiesta en procesos fatales, al margen de la actividad humana, sino que al desarrollarse la producción maduran en la sociedad nuevas necesidades materiales, que impulsan a grandes grupos de gentes, a las clases, a actuar en determinado sentido.

Cuando las relaciones feudales se convirtieron en un freno para las fuerzas productivas, surgió la necesidad material de dar al traste con ellas. Esta necesidad quedó expresada en la actividad revolucionaria de la burguesía y el campesinado, que sufría en carne propia el yugo de las relaciones feudales. La lucha revolucionaria de estas clases barrió con el régimen feudal. Con grandes energías y arrojo, los soldados de la revolución asaltaron la Bastilla y defendieron el nuevo régimen contra los ataques de la contrarrevolución feudal. De no haber mediado la lucha revolucionaria, el régimen feudal no hubiera caído. Sin la participación activa de los pueblos del continente latinoamericano en la guerra por la independencia, tampoco se habría desmoronado el dominio colonial de España y Portugal. Los hombres gestan la historia, más no arbitrariamente, sino bajo la acción de las circunstancias que los rodean, de las que el factor primordial es la necesidad económica, que configura los intereses de las clases y grupos sociales. Esta necesidad la resuelven los hombres con sus actividades, que defienden sus propios intereses que, más o menos, comprenden la urgente necesidad del desarrollo social.

V. I. Lenin luchó resueltamente contra los oportunistas que subestimaban la lucha revolucionaria por el socialismo, el papel de la conciencia socialista de la teoría revolucionaria y del partido en esta lucha. Es evidente que cuanto mejor las fuerzas revolucionarias comprenden la necesidad del triunfo de un nuevo régimen, cuanto más activa es la lucha, tanto más rápido avanza el progreso social.

Textos de Formación Política No. 6. La fuerza motriz de la historia

La fuerza motriz de la historia

Toda la historia de la sociedad está saturada de lucha entre clases. Los Estados esclavistas de Grecia y Roma, con frecuencia se estremecían bajo los golpes de los esclavos sublevados. En la época del feudalismo tuvieron lugar insurrecciones en masa de los campesinos: la de Wat Tyler en Inglaterra, la de Jacquerie en Francia, la guerra campesina en Alemania, las insurrecciones de Bolóinikov, Razin y Pugachov en Rusia, las guerras campesinas en China. Infinitos ejemplos los vemos también en América Latina. A últimos del siglo XVIII los indios de Bolivia y Perú se levantan contra la explotación; en Brasil, a lo largo de todo el siglo XVII, los esclavos sostienen una lucha por la liberación. Por último, en el siglo XIX, la lucha por la liberación nacional abarca todo el continente. Desde inicios del siglo XIX hasta nuestros días se despliega en los países capitalistas la lucha de clases del proletariado. Baste decir que sólo en América Latina, en una década (1960-1970) participaron en las luchas huelguísticas 130 millones de personas.

¿Cuáles son las causas de la lucha de clases y que papel desempeña en la historia de la sociedad?

La lucha de clases es producto inevitable de los antagonismos sociales entre los explotadores y los explotados. La propia situación de las cla-ses oprimidas, las vejaciones de que son objeto por parte de los opre-sores, les empujan a la lucha revolucionaria.

Los ideólogos burgueses afirman que los intereses de las clases contrapuestas pueden conciliarse. ¿Cómo van a ponerse de acuerdo un opresor y un oprimido? Para ello, los explotadores tendrían que renunciar voluntariamente a la propiedad sobre los medios de producción. Pero es aquí, precisamente, donde está el quid del asunto: ellos jamás han renunciado ni renunciarán. Sólo mediante la lucha de clases se les podrá despojar de los medios de producción y sólo entonces se podrá acabar con la explotación.

El desplazamiento de una formación socio-económica por otra, como decíamos más arriba, es la solución del conflicto entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción caducas. Las clases explotadoras no quieren la destrucción de las relaciones de producción vigentes. Se aferran a ellas con todas sus fuerzas, defienden sus riquezas y su poder. Recordemos cómo en la época del dominio colonial de España y Portugal, los terratenientes luchaban por mantener sus privelegios, con qué tenacidad se oponían a las revoluciones burguesas en el continente latinoamericano. ¿Y los imperialistas modernos o la oligarquía local? ¿Estarán dispuestos a renunciar al régimen capitalista? Todos sus actos evidencian que lo defenderán hasta donde sea posible. El ejemplo de Chile, donde la burguesía monopolista pisoteó su propia legalidad y a sangre y fuego reprime las aspiraciones democráticas del pueblo, es un testimonio bien patente de lo que afirmamos.

O sea, la sustitución de un régimen social por otro, más progresista, no transcurre por sí solo, espontáneamente, aunque las relaciones de producción se hayan convertido en un freno del progreso. Para que ello suceda hay que romper la resistencia de las clases reaccionarias que defienden las viejas relaciones de producción. En esto radica el sentido histórico de la lucha revolucionaria de las clases oprimidas. La lucha de clases es la fuerza motriz de la historia en todas las formaciones explotadoras. En una sociedad antagónica, sin la lucha de clases sería imposible el progreso social.

La lucha de clases alcanza el momento crítico en la época de las revoluciones sociales, es decir, en el período de transición de una formación socio-económica a otra.

Revolución social

En la historia de la sociedad se distinguen con suma claridad los periodos de desarrollo gradual y los períodos de ruptura brusca de toda la estructura social.

Después de la caída del Imperio romano, en Europa, se inicia la prolongada y tenebrosa Edad Media. Se turnan las dinastías, se llevan guerras y dan golpes palaciegos, las posesiones feudales pasan de mano en mano. Mas todos estos acontecimientos no cambian la esencia del régimen feudal. Un cuadro similar se observa en América Latina, en la que los numerosos pronunciamientos de la población autóctona contra los colonialistas hispano-portugueses, no cambian la esencia de la estructura feudal. A pesar de que de tiempo en tiempo, la llama de las insurrecciones campesinas abarcaba a países enteros, amenazando devorar a los terratenientes y monarcas, los aristócratas, valiéndose de la incultura e ignorancia de los campesinos, provocaban la escisión en sus filas y sofocaban con toda crueldad las insurrecciones.

Mas he aquí que irrumpe la época de las grandes conmociones sociales: siglo XVI, en los Países Bajos; siglo XVII, en Inglaterra; siglo XVIII, en Francia. En tres siglos el régimen social de las principales potencias europeas sufre mutaciones cardinales. En un plazo relativamente corto el capitalismo desplaza al feudalismo. Una aguda crisis revolucionaria, a finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, sacude a toda América Latina. La guerra de la independencia y el aniquilamiento del dominio colonial de España y Portugal fueron los acontecimientos revolucionarios más importantes en la historia del continente latinoamericano del siglo XIX. La supresión del yugo colonial en esta zona del mundo iba acompañada de la solución de una serie de problemas de la revolución burguesa, despejándose así el camino al capitalismo en América Latina.

La ruptura radical del régimen social, con la que se pasa de una formación socio-económica a otra, se llama revolución social. Su base económica es el conflicto entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción. Las fuerzas progresistas se esfuerzan por solucionarlo, por suprimir las viejas relaciones de producción. Las clases reaccionarias se oponen a la solución del conflicto. En la lucha contra el movimiento revolucionario la clase dominante emplea todo el poder represivo del Estado. Por eso la cuestión clave de toda revolución es la cuestión del poder. Tras conquistar el poder estatal, la clase revolu-cionaria, con ayuda de éste, destruye definitivamente el régimen caduco e instaura un orden nuevo.

La experiencia histórica prueba que la revolución no se hace por encargo, sino que es requerible una situación revolucionaria, o sea, tal estado de la sociedad cuando las clases dominantes ya no pueden seguir gobernando como hasta un momento dado y las clases oprimidas no desean vivir más como antes.

No toda situación revolucionaria se convierte en revolución. Para realizarla se necesitan fuerzas políticas de masas, que se forman de aquellas clases interesadas en acabar con la estructura vigente y que son capaces de llevar la revolución al triunfo. Estas clases son las fuerzas motrices de la revolución. Para cohesionar las fuerzas políticas de la revolución se requiere que las clases revolucionarias tengan cierta experiencia de lucha de clases, dispongan de partidos políticos y organizaciones, promuevan jefes revolucionarios y dirigentes y estén decididas a actuar abnegadamente.

Las revoluciones, según las tareas que tengan que realizar, se distinguen por su carácter. Si la revolución implanta relaciones burguesas, es burguesa; si despeja el camino para establecer un régimen socialista, su carácter es socialista.

En las revoluciones sociales se manifiesta con especial vigor el destacado papel que desempeñan las clases oprimidas y explotadas. Con su heroica lucha destruyen los pilares de la vieja sociedad. Ellas, precisamente, forman los destacamentos de vanguardia de la revolución, que asaltan los baluartes del poder estatal de las clases reaccionarias y, con firmeza incomparable, defienden las conquistas revolucionarias contra los ataques de la contrarrevolución.

LAS BASES DEL PSUV SE EXPRESARON


Por: José Gregorio
Alvarado Rondón (Director General de Asuntos Políticos y Sociales del Ministerio del Poder Popular para las Relaciones Interiores, Justicia y Paz)

La máxima
expresión de democracia en un país es evidenciada por un pueblo
organizado ejerciendo el sagrado derecho al voto; esto ha quedado
plasmado en los anales de la historia revolucionaria de finales del
siglo XX y este siglo XXI que estamos viviendo.  Indiscutiblemente,
este hecho es logro de un pueblo, que gracias al Comandante eterno
encontró el rumbo de su destino, y como ejemplo, tenemos el reciente
proceso electoral que se realizó el pasado domingo 20
de julio, cuando una masa de venezolanos miembros del Partido
Socialista Unido de Venezuela salieron a escoger a quienes los
representarán en el III Congreso. Lo cuál, para mi criterio es
inédito, no se si en el mundo, pero sí en Venezuela, donde lo
extraordinario sigue transformándose en ordinario. ¿Cuando en la
cuarta república vimos a los “pata en el suelo” (como nos
califica la ultraderecha), decidir quiénes formarían parte de algún
congreso? ¡Si como nie! Los también llamados Juan Bimba solo tenían
derecho a asistir cada 5 años a un centro de votación y escoger a quien
gobernaría para las clases pudientes y esperar que las migajas
llegaran a su casa para tratar, en medio de la miseria, mantener y
criar una familia a duras penas. Para los pobres en esos tiempos
como diría nuestro querido Joselo no había esto, con-timas esto y
mucho menos esto. Y aunque da risa, esa era la realidad que vivíamos
en el país.

Pero
llegó la revolución que el comandante Chávez trajo con ella,
arrastrando uno de los elementos que han sido y son punta de lanza de
este proceso LA IGUALDAD, ahora todos nos sentamos en la misma mesa y
nos tratamos de tu a tu; así es, las bases decidieron quiénes
estarán reunidos con los principales líderes políticos, decidiendo
cuál sera la estructura del partido y como debe funcionar para darle
un impulso a la gestión de gobierno del Camarada Presidente Nicolás
Maduro.

Pero
como siempre, la oposición Venezolana haciendo críticas. Al día
siguiente de tan inédito proceso, no se habló de la importancia de
haber elegido a quienes asistirán al III congreso, ni que fueron las
bases quienes lo escogieron, o los pata en el suelo, como mejor le
suene a los señores de la oposición, para ellos, tuvo mayor
relevancia la pregunta que una periodista le hizo a Diosdado sobre
¿cuántas personas fueron a votar? Como es lógico, el 1er Vicepresidente
del partido no tenia cuantificada la cantidad de
electores, y, como era de esperarse se desataron la miserias humanas. Mi
recomendación para que no sigan siendo títeres de los medios es,
el que tenga ojos que vea la cantidad de gente que ejerció su
derecho, señores de la oposición, sobrepasó las expectativas que
se tenían y en lugar de estar criticando, tomen nota que ya su gente
está cansada de ese liderazgo mesiánico que ustedes se han planteado
y que cada día los tiene mas desunidos debido a que todos se creen
los ungidos de dios y para dirigir los destinos de este país, les
informo que la voz de dios se expresa a través del pueblo, y el
pueblo dijo, dice y dirá: ¡Queremos vivir en esta Revolución Chavista!

Ya
para cerrar hay que hacer un reconocimiento al Consejo Nacional
Electoral, por el impecable trabajo desarrollado. Tenemos un poder
electoral con capacidad para asumir cualquier reto o tarea que se le
asigne, la organización y planificación de estas elecciones
internas, así lo demuestra.

Textos de Formación Política No. 5 ¡Qué son las clases sociales?

De la Editorial Agencia de Prensa Novosti- Moscú 1975  Entrega  Nº 5

3. Clases y lucha de clases. ¿Qué son
las clases sociales?

En cada sociedad, salvo la primitiva, existen grandes grupos
de personas que se distinguen uno del otro por una serie de rasgos esenciales.
Esclavos y esclavistas, campesinos y feudales, obreros y capitalistas, éstos
son los grupos sociales llamados clases. ¿Cuáles son los rasgos principales de
una clase?

Tomemos la sociedad burguesa y examinemos las diferencias
existentes entre obreros y capitalistas. Se distinguen por las condiciones de
vida, criterios políticos, aspecto moral y, a veces, hasta por la manera de
hablar y vestir y por los modales. Estos factores son importantes, pero todavía
no revelan las diferencias clasistas fundamentales que nos explicasen por qué
el obrero y el capitalista tienen criterios distintos o llevan un modo de vida
diferente. Si decimos que ello se debe a que el capitalista tiene mayores
ingresos, quedaremos a mitad del camino, no llegaremos a las profundas
diferencias clasistas que penetran en el campo de la economía: el obrero y el
capitalista se distinguen por el modo de apropiación y por la magnitud de los
ingresos. Surge una nueva pregunta: ¿por qué el capitalista recibe más bienes
sociales que el obrero? Sólo porque en sus manos están los medios de
producción. Gracias a éstos, el capitalista ocupa una posición privilegiada en
la economía, tiene la posibilidad de explotar a los obreros, de apropiarse del
fruto de su trabajo.

El principal rasgo distintivo entre las clases es la forma de
propiedad sobre los medios de producción.
De aquí se
desprenden otros factores: lugar en la producción social, papel en la
organización social del trabajo, métodos de distribución y cantidad de bienes
sociales de que dispone cada clase, así como los rasgos políticos, morales,
sicológicos, ideológicos y otras aptitudes.

Vemos de repente que las clases existen sólo allí donde
diversos grupos de gentes manifiestan una actitud distinta con respecto a los
medios de producción. Las clases no son eternas. En la sociedad primitiva, al
no existir la propiedad privada, no podía haber clases. Surgieron junto con la
propiedad privada e irán desapareciendo poco a poco en cuanto ésta sea
suprimida.

Arma de dominio clasista

Las clases explotadoras, al ser dueñas de los
medios de producción, disponen de una ingente fuerza económica y la utilizan
para imponer su voluntad a toda la sociedad. La propiedad privada sobre los
medios de producción y el orden que garantiza a una minoría explotar a la ma-yoría,
se proclaman pilares intangibles de la sociedad. Cualquier actividad dirigida
contra los intereses de los explotadores es declarada ilegal y se persigue. Las
relaciones sociales en la sociedad clasista se regulan mediante leyes y normas
jurídicas que expresan la voluntad de la clase dominante. Todas estas leyes y
normas se denominan derecho.

Mas ¿por qué todos están obligados a someterse a la voluntad
de la clase dominante y ajustarse a las leyes establecidas por ella? Pues
porque la clase dominante tiene en sus «manos los medios de producción. Sus
intereses clasistas los defiende la policía, el ejército, los tribunales, la
cárcel, etc. Todos estos instrumentos forman el aparato político, la máquina
para aplastar a las clases oprimidas: el
Estado
. En todas las
formaciones socioeconómicas basadas en la propiedad privada y la explotación, el
Estado es un arma de dominio clasista con el que los explotadores someten a los
explotados
.

El cambio de las formaciones socio-económicas, como es
natural, produce cambios en el fondo clasista del Estado. En virtud de ello
distinguimos tres tipos fundamentales de Estados explotadores: esclavista,
feudal y burgués.

Comparemos varios Estados burgueses: en Inglaterra rige una
monarquía consti-tucional; en USA, un gobierno presidencial; en España, una
dictadura falangista. En Venezuela y Costa Rica, gobierno presidencial. En
Paraguay, Brasil, Uruguay, Nicaragua, Guatemala, Haití, formalmente un gobierno
presidencial; de hecho o una dictadura de camarillas militares reaccionarias
(Brasil, Uruguay) o una dictadura personal.

Todos los mencionados son Estados de un mismo tipo. Y al
mismo tiempo todos se distinguen entre sí. ¿En qué? En la forma. La forma
estatal depende, en primer lugar, de las formas de gobierno y, en
segundo término, del régimen político.

Existen dos formas fundamentales de gobierno:
monarquía y república. La monarquía es el poder de una sola persona (rey, zar,
emperador), poder que se transmite por herencia. El monarca se apoya en la
clase dominante, ejecuta su voluntad. Si sus actos y planes empiezan a diferir
de los intereses de la clase dominante, ésta buscará la manera de poner otro
monarca más dócil. Por ejemplo, en Brasil, en 1822, fue proclamado emperador
Pedro I, hijo del rey de Portugal, Juan IV. En 1831, tras un nuevo conflicto
con el parlamento, éste le obligó a abdicar en favor de su hijo Pedro II, quien
fue derrocado en 1889 por el ejército, que expresaba los intereses de la
burguesía comercial e industrial, la cual exigía abolir la esclavitud en el
país.

La república es un poder ejercido por órganos electos. Como
es natural, en una sociedad explotadora la república expresa también los
intereses de la clase dominante.

El régimen político caracteriza los métodos de gobierno. La
clase explotadora dominante puede recurrir abiertamente a métodos terroristas
para someter a las clases oprimidas.

Hemos llegado a un importante concepto: la democracia. Con él
se designa una estructura estatal que garantiza a las masas populares la
participación en el gobierno y la libertad individual, o sea la posibilidad de
los ciudadanos de disfrutar de derechos políticos (igualdad de todos ante la
ley libertad de opinión, de prensa, reunión, inviolabilidad de domicilio,
etc.)

La democracia, en las sociedades explotadoras, es limitada:
en las repúblicas «democráticas» esclavistas, tipo de Atenas o de la temprana
Roma, gran parte de la población la constituían esclavos, carentes de derechos.
En América Latina, durante el dominio colonial de España y Portugal, la
población aborigen no gozaba de derecho alguno. En las ciudades-repúblicas de
la Edad Media —Venecia y Florencia en Italia, Nóvgorod en Rusia—, las riendas
del poder estaban en manos de ricos comerciantes y artesanos. En las democracias
burguesas modernas, a pesar del sufragio universal, el poder lo tiene la gran
burguesía, que se vale de su poder económico y utiliza todos los eslabones del
aparato estatal y los medios de difusión y propaganda, el soborno, el engaño y
la falsificación para impedir a las masas trabajadoras gobernar el Estado. Un
ejemplo palpable de ello es el Chile de hoy. Recordemos los golpes
reaccionarios en la República Dominicana, Brasil y Chile: el derrocamiento de
Juan Bosch (1963), de Goulart (1964) y de Salvador Allende (1973).

En una sociedad explotadora, el Estado siempre
es un instrumento de los explotadores, y la democracia sólo es una forma de
este dominio.

Al mismo tiempo, por limitada y formal que sea la democracia,
en una sociedad explotadora, es la forma de Estado más aceptable para los
trabajadores, ya que a las masas no les es indiferente en qué condiciones
luchar por sus derechos: bajo una democracia burguesa (aunque limitada) o una
dictadura. A través de los institutos democráticos y en lucha secular por los
derechos, los trabajadores han ido arrancando concesiones a las clases
dominantes.

La democracia burguesa, a pesar de su limitación clasista,
crea condiciones favo-rables a la lucha de la clase obrera por mejorar su
situación. Utilizando las libertades políticas proclamadas por la constitución,
la clase obrera puede organizarse mejor para derrocar el régimen capitalista
mediante la lucha revolucionaria. No es casual que la burguesía monopolista,
temiendo el auge del movimiento revolucionario, trate de deshacerse de la
democracia y de establecer su dictadura. He aquí por qué una de las tareas
esenciales de la clase obrera es la lucha por mantener y ampliar la democracia.

Una democracia auténtica sólo es posible bajo el
socialismo, en el que los principios fundamentales de la democracia —el poder
del pueblo y la libertad del individuo—- hallan una sólida base en las
relaciones económicas.

MORINGA: UNA POSIBLE SOLUCIÓN CONTRA EL CÁNCER


Foto: Wikipedia Planta de Moringa

Por: Teofilo Menessini
Integrante EFAG Anzoátegui

Las enfermedades como el cáncer, diabetes y afecciones cardiovasculares, entre otras, han causado estragos en la población mundial, y su incidencia es cada vez mayor en estos tiempos. Los tratamientos convencionales son cada vez menos efectivos y más costosos, lo que se traduce en una menor accesibilidad para nuestra población de bajos recursos.

Es por ello que el saber popular ha impulsado la búsqueda de alternativas para combatir a estas enfermedades, que produzcan resultados más certeros, de más fácil adquisición y de soluciones humanitarias completamente opuestas a los principios de las grandes multinacionales farmacéuticas capitalistas, en donde la acumulación de capital es su principal objetivo.

Nosotros como venezolanos revolucionarios debemos impulsar y desarrollar políticas de salud, basadas en los principios del humanismo y la solidaridad, en donde se tome en cuenta el saber ancestral de nuestros pueblos, basado en la biodiversidad y sustentado progresivamente en el conocimiento científico.

Una de las alternativas más promisorias en los últimos tiempos ha sido la planta conocida científicamente como Moringa oleifera, originaria de la India, nombrada en Venezuela como Ben, y que se ha venido utilizando por sus propiedades nutricionales y medicinales, con resultados favorables en la población.

Como ejemplo de ello, en la Revista Africana de Biotecnología, de diciembre de 2010, un grupo de científicos de universidades de Egipto, Sudán y Estados Unidos, dirigidos por Mutasim Khalafalla, publicaron los resultados de un trabajo de investigación sobre ensayos de laboratorio con extractos de hojas de Moringa oleifera y sus efectos sobre células cancerígenas.  

Este grupo de investigadores tomaron muestras de células malignas de 10 pacientes afectados por un tipo de cáncer sanguíneo conocido como leucemia linfoblástica aguda, también de 15 pacientes de leucemia mieloide aguda; adicionalmente cultivaron células de cáncer hepático. Estos ensayos (in vitro) consistieron en someter dichas hojas a tres formas de extracción, utilizando: agua caliente a 80 grados centígrados, agua a temperatura ambiente (25 grados), y alcohol etílico en agua al 80 por ciento.

Los resultados revelaron que los extractos naturales obtenidos fueron capaces de destruir entre el 70 y 86 % de las células cancerígenas de los dos tipos de leucemia mencionados; como también el 75 por ciento de las células del cáncer hepático estudiado. Vale acotar que los extractos en agua caliente (infusiones acuosas), y los preparados con alcohol etílico arrojaron los mayores niveles de destrucción de las células cancerígenas.

Los investigadores concluyen que las hojas de la planta Moringa oleífera pueden tener un alto potencial para su utilización en la lucha contra enfermedades como el cáncer. Estos resultados podrían ser causados por compuestos fitoquímicos y antioxidantes presentes en sus hojas, y en los extractos naturales. Sin embargo, la identificación exacta de dichos compuestos fue anunciada para investigaciones posteriores.

Jesús presente en el III Encuentro Nacional EFAG

(Distrito Capital, 23-06-2014, Prensa EFAG).- Cada vez que el camarada diputado Jesús Faría preside una actividad de la Escuela de Formación Argimiro Gabaldón, confirma su compromiso con la consolidación de la conciencia socialista de los cuadros revolucionarios; y el III Encuentro Nacional de Formación EFAG, llevado a cabo en las instalaciones del IDEA en Caracas no fue la excepción, ya que en su jornada de cierre, este domingo 22 de junio, Jesús participó activamente haciendo un análisis de la coyuntura política y económica de nuestro país, evidenciando los grandes desafíos que se presentan para la formación del pueblo.

Durante su presentación, Jesús Faría alertó a los más de 60 asistentes de 11 estados del país, sobre la gran responsabilidad que pesa sobre los hombros de la EFAG y sus cuadros, puesto que según su apreciación del entorno político, “en los próximos 4 años debemos fortalecer las bases del partido y convertirlo en un organismo que trascienda las tareas eminentemente electorales, para pasar a dirigir el destino de la revolución” Y para cumplir esta misión, encargada por el mismo Comandante Chávez, debemos fortalecer, dar continuidad y profundizar los espacios de debate y estudio de la teoría revolucionaria, para luego convertirla en práctica socialista.

Sobre la situación económica actual el diputado reiteró, como lo ha dicho en varias ocasiones y espacios, que para superar las condiciones de rentismo, atraso, dependencia y relaciones capitalistas, “debemos constituir miles de empresas nacionales que activen la producción, y así cumplamos con los objetivos estratégicos del Plan de la Patria, conquistar la Soberanía, Independencia y convertirnos en potencia”. Para “Chuma” son de gran importancia las próximas elecciones que se llevarán a cabo en el mes de octubre, tanto en Bolivia como en Uruguay y Brasil. Los cambios que generó el Comandante Chávez en nuestra América, encaminándola hacia una región unida y soberana, dependen de las conquistas democráticas electorales en estos países.

La nota entusiasta fue puesta por jóvenes del movimiento “Seamos Libres” quienes desde Buenos Aires, Argentina, saludaron vía videoconferencia al camarada Jesús, a las directivas de la EFAG y a los asistentes al Encuentro. Se generan así vínculos internacionalistas, que fortalecen los lazos de las bases suramericanas, revolucionarias, luchadoras, socialistas y antiimperialistas. Grandes avances para la EFAG en este III Encuentro Nacional que deja aún más firmes los cimientos de una fuerza formadora, multiplicadora de la conciencia socialista en Venezuela. (FIN: Armando Robledo)

En la presentación del movimiento toman varios sonidos del Comandante Chávez. Está de lujo. https://www.youtube.com/watch?v=irCl507XTV8

La Leona de Chávez en el III Encuentro Nacional de Formación EFAG


(Distrito Capital, 21-06-2014, Prensa EFAG) -. Durante la Primera Jornada del III Encuentro Nacional de Formación de la Escuela de Formación Argimiro Gabaldón, se escuchó el rugido de la Leona de Chávez, la diputada María León, quien presentó dos propuestas revolucionarias en el marco de esta Actividad, en la que se dieron cita más de 60 compatriotas de 11 estados de Venezuela y que tuvo lugar en el Instituto de Estudios Avanzados, IDEA, en Caracas.

La Leona manifiesto en primera Instancia la propuesta de que EFAG asuma la celebración de los 100 años de la Revolución de octubre, dada la relevancia histórica de esta manifestación popular que removió los cimientos de la Europa de principios del Siglo XX. María argumentó que “la revolución rusa de 1917, aún si no hubiese hecho nada más, fue tan Importante que demostró históricamente que los trabajadores, los campesinos y los soldados son capaces de tomar el poder político y construir una nueva Sociedad”.

Además de esta gran responsabilidad, la diputada anunció que retomaría la Iniciativa de entregar a diversas personas tanto de la vida política nacional, como del común popular, el título de propiedad de Venezuela, basada en la Iniciativa del Libertador Simón Bolívar, quien firma este certificado, además de quien lo recibe. La Leona buscará, según dijo: “promover ese sentido de pertenencia de la Patria, tan necesario para que el pueblo Sienta como propios todos los recursos del suelo y subsuelo de nuestro país y así se motive para defenderse de los Intereses del imperio, que viene por todos nuestros recursos, ¡No sólo por el Petróleo!

Con la Motivación y la moral bien alta, gracias a la energía con la que María León se dirigió a los cuadros de la EFAG, se continuó el III Encuentro con diversas presentaciones y debates sobre temas variados que van desde el Materialismo Histórico, pasando por la Economía Política, Ética Socialista, Ciencia y Tecnología al Servicio de la Revolución, Geopolítica e Imperialismo, Revolucionarios del Siglo XX, Hombre y Mujer Nuevos, PSUV, Partido de la Revolución, y de esta manera se avanzó en la consolidación de la EFAG en todos sus epicentros nacionales para continuar construyendo la conciencia socialista y defender la Revolución. (FIN: Armando Robledo)

ABRIL ES NUESTRO

Me encanta abrirme paso entre las calles,
con ganas de devorarme las aceras. 
Me gusta ver el flujo incierto de la gente, 
que trabaja y vive a pesar que otros no quieran.

Busco en los rostros un indicio de locura,
de psicosis colectiva, de disociación psicótica
o alienación “maiamera”
Sólo percibo andares presurosos,
cantares rumorosos, aromas deliciosos.

Es nuestro abril que viene de regreso,
para amarrarle la mano a la violencia;
para pintarle una Paloma a la inconsciencia;
a destrabar las quijadas de la guerra,
que tiene rostro joven y alma vieja.

Es nuestro abril que avanza a pasos de gigante;
que esta arraigado en el latir del Comandante.
Un trepidar que se abre paso entre las calles,
con la fuerza para devorarse las aceras.

Que está en la sombra del Samán jamás cortado;
que duerme incluso en la paciencia de la tierra.
Abril de luchas y victorias conquistadas,
abril de muertos inmortales que hoy son uno;
y se fundieron bajo el fuego de Llaguno.

Es nuestro abril, abril es nuestro,
sin arrebatos de guarimba ni virtud de auto secuestro.
Es nuestro abril casado con febrero,
por el amor de un militar que se hizo pueblo;
que dio su vida porque el otro era primero.

Yo soy ese otro, soy él y el mundo,
yo no me asfixio incinerando mis residuos,
ni me desquicio detrás de un parapeto inmundo.
Yo voy de frente hacia el futuro con mi sueño;
voy aprendiendo mientras caigo y me levanto;
voy desafiando a quienes se piensan mis dueños.

Yo soy uno y somos todos;
me voy abriendo paso entre calles y caminos polvorientos;
voy levantando alegre a la multitud de sus asientos;
soy la bandera que se agita con el viento;
el estribillo inolvidable del concierto.

¡Soy Chávez carajo y para siempre yo me quedo!

Armando Robledo
@armaroble